Solemnidad de Ntra. Señora del Pino, patrona de la diócesis de Canarias

Celebramos hoy, 8 de septiembre,  el nacimiento de la Virgen María. Este día no es un aniversario, porque no sabemos cuándo ni dónde nació la Virgen, aunque varios lugares de tierra santa se disputan su lugar de nacimiento: Unas tradiciones lo sitúan en Nazaret, otras en Belén e incluso en Jerusalén, donde todavía hoy, nos muestran en la antiquísima basílica de Santa Ana, la casa-cueva donde nació María.

Sea lo que sea, hoy celebramos en toda la Iglesia lo que significa en la historia de la salvación el nacimiento de una mujer única, amanecer de un nuevo mundo, de una nueva manera de afrontar la historia, hoy la Iglesia nos propone celebrar el nacimiento de la Virgen María… De ella nacería el salvador. Su nacimiento ya nos está anunciando la llegada del Señor, es la introducción, el “íncipit” de algo nuevo. Por eso no es extraño que este acontecimiento haya sido y sea para la Iglesia motivo de fiesta. Ya San Juan Crisóstomo, hace 14 siglos, saludaba así este acontecimiento:

“¡Oh feliz pareja, Joaquín y Ana, con ustedes está endeudada y obligada toda la creación! Por medio de ustedes, en efecto, la creación ofreció al Creador, el mejor de todos los dones, o sea, aquella augusta Madre, la única que fue digna del Creador.De Ella y por medio de Ella, Dios, que está por encima de todo cuanto existe, se hace presente en el mundo corporalmente. Sirviéndose de Ella, Dios descendió sin experimentar ninguna mutación, o mejor dicho, por su benévola condescendencia, apareció en la Tierra y convivió con los hombres.”

Justamente, en este día, como en tantos y tantos santuarios marianos extendidos por el mundo, los canarios celebramos a María con una advocación muy particular, muy querida por los canarios, que todos llevamos muy dentro: Nuestra Madre la Virgen del Pino. “Nuestros padres nos dijeron, que dirigidos por un maravilloso resplandor, encontraron su imagen en la cima de un pino, rodeada de tres hermosos dragos, de cuyos ramos se formaba una especie de nicho…Que un lápida muy tersa le servía de peana y que del tronco de aquel árbol nacía un fuente perenne de aguas medicinales… Pero si la veneramos como madre, no es por estos respetos, sino porque evoca en nosotros la memoria de la más santa de las criaturas.”

Así comenzaba y así reza la más antigua novena que ha llegado hasta nosotros, “en obsequio y culto, – como se lee en su portada,- a María Santísima, madre de Dios y señora nuestra, cuya sagrada imagen con el título de Nuestra Señora del Pino, se venera en la Iglesia basílica parroquial del lugar de Teror de la isla de Gran Canaria”.
“El Pino”, un nombre y una advocación que nos acerca a María y que se suma a las miles de advocaciones y títulos que damos a lo largo y a lo ancho del mundo a nuestra madre. Porque María es nuestra madre y como madre la llevamos muy dentro del corazón. “Ella es nuestra madre” y esto quiere decir, advierte el Papa Francisco, tres cosas: La Virgen

1.- Nos ayuda a crecer en todos los aspectos – como humanos y como cristianos.
2.- Nos ayuda a afrontar la vida.
3.- Nos ayuda a ser libres.Pidamos hoy a María, de modo especial, por todos los canarios y por todos los que viven en estas tierras.“Nuestros padres nos lo dijeron”… Y aquí estamos nosotros siguiendo esas voces que arrancan de aquel 8 de septiembre de 1481 al pie de un pino y que generación tras generación han llegado hasta nosotros gracias a las generaciones de hombres y de mujeres cristianos que nos han precedido. El carácter histórico y cultural de la fe: “Permanecer en la fe de nuestros padres”.

Congregados en la Eucaristía, en medio de una historia que con frecuencia nos obliga a cambiar el paso, queremos cantar a Dios con María y celebrar las grandezas que Dios ha realizado en ella. Que María, nuestra madre del Pino, imprima en nuestro interior, en lo más profundo de nuestras raíces, su talante de creyente, su impronta de madre y nos mantenga siempre atentos a la escucha de los latidos de su corazón, ese corazón que como el de todas las madres quiere custodiar, promover y cohesionar a la familia. Que nuestra devoción al Pino no se quede en carcasa cultural o folclórica, sino en adhesión personal a Cristo, en valores estables y resilientes; como ese pino sobre el que puso sus pies María: Ese pino canario capaz de resistir al fuego y capaz de regenerarse con potencia…

Si así percibimos esta devoción y este culto a María, podremos, como Ella, y como nuestros antepasados, incorporarnos a la carrera de relevos que es la vida y entregar con seguridad y con fuerza a las generaciones futuras esos valores que nos identifican y nos conforman como canarios …Eso que, a veces escuchamos pregonar incluso en las áreas comerciales, y calificamos como “canariedad”, que siempre debe ser un plus que nos hace más humanos. “Santa María, Virgen del Pino, vida, dulzura y esperanza nuestra…Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Amén.»

Imágenes Relacionadas:

Escrito por

es_ESSpanish