San José

…Nuestra vida está sostenida – afirma el Papa Francisco en el documento Patris corde – por personas comunes – de ordinario olvidadas – que no aparecen en portadas de diarios, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo…Cuanta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad.. Cuántos padres y madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, como enfrentar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando oración. Cuantas personas rezan e interceden por el bien de todos.” (Patris corde)

Hoy podríamos añadir a tanto y tantas que arriesgan sus vidas, acogen, rezan frente a esta barbarie de la guerra…Prófugos como San José. El hombre justo, siempre en silencio, atento a la escucha, siempre disponible y en segundo plano. Merecen su oportunidad, porque, en definitiva, son los que hacen avanzar la historia en el inexorable movimiento de las manecillas del reloj, que apenas se nota en su tic-tac, pero es el que marca las horas.

En este día, 19 de Marzo, acerquémonos a San José y pidamos para todos, – padres, maestros, sacerdotes y obispos, seminaristas y jóvenes – dos cosas sencillas, pero muy necesarias, sobre todo en estos tiempos que corren:

La primera: Colaborar con el otro, siempre y cuando veamos que su gesto y su iniciativa es buena, aunque no se nos hubiera ocurrido a nosotros. Como San José: no había tomado parte alguna en el hijo engendrado por María, pero lo tomó como suyo. Lo protegió, lo defendió, le ayudó a crecer junto con su madre hasta el punto que todos creían que era su hijo, y lo llamaban «el hijo del carpintero».

Cuanta necesidad tenemos de esta actitud: Valorar, colaborar, arrimar el hombro, trabajar para que lo bueno surja y se desarrolle, venga de donde venga. “El que no está contra nosotros está con nosotros”.

Esto lo necesitamos en la sociedad, en la política, en los gestores de la administración pública, en la Iglesia, donde con frecuencia el narcicismo de muchos ahoga las mejores iniciativas y “el complejo adánico” nos hace olvidar la historia que nos ha precedido. Somos eslabones de un cadena.

Lo segundo: Ser custodios. Ser “padre” es algo más que una función biológica, es también custodiar, ayudar a crecer, enseñar valores, insertar al otro en una tradición familiar,social…En definitiva es “educar” para que el otro sea capaz de hacer emerger en él todas sus posibilidades de hacer el bien. Ser “custodios” también del equilibrio de este útero grandioso que es la tierra, para que la vida se desarrolle en armonía. Custodiar la tierra, la casa común, donde la familia humana crece, se desarrolla y muere, es custodiar al hombre.

Oremos por los seminaristas, por los jóvenes de hoy…¡Que aprendan hacer de su vida una ofrenda! Que se eduque a los niños y jóvenes en el deseo de servir y que nuestras comunidades cristianas no se vean privadas, por falta de respuesta a la llamada de Dios, de la Eucaristía…

¡San José, siempre disponible, soñador, bueno y atento…Ruega por nosotros!

Escrito por