San José

Celebramos la fiesta de S. José. Un hombre “bueno”, dice el evangelio…que no es poco. Recuerden que Jesús mismo se admira de que le llame “bueno” aquel muchacho que se le acercó y le dijo: “Maestro bueno…” ¿Por qué me dices bueno? Le contesta Jesús, “bueno” sólo es Dios. Por tanto, no es poco llamarle “bueno” a José, porque un hombre o una mujer “buena” siempre nos atraen, siempre despiertan en nosotros confianza en las posibilidades del hombre, esperanza en el futuro. Aparentemente son hombres y mujeres comunes…Pero son las que de verdad construyen y trabajan día a día el tejido de la sociedad.

Y es que nuestra vida está sostenida – afirmaba,en su momento,  el Papa Francisco en el documento Patris corde – por personas comunes – de ordinario olvidadas – que no aparecen en portadas de diarios, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo…Cuanta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad.. Cuántos padres y madres, abuelos y abuelas, docentes, muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando oración. Cuantas personas rezan e interceden por el bien de todos.” (Patris corde)

¿Por qué ha de triunfar siempre el mal, por qué de lo que se habla es del mal, por qué ha de quedar en la memoria la crueldad malévola de un asesino o asesina, antes que la fuerza y la grandeza de un padre o una madre que cada día trata de dar lo mejor de si mismo ante su hijo? El mal existe, sin duda, pero también el bien. Hay gente que desanima, que crea desesperanza, que son tóxicas, pero también hay gente buena, cariñosa, alegre, con ganas de ayudar y hacer el bien. Somos imperfectos, evidentemente….Sólo Dios es bueno sin fisuras, pero, muchísima gente, sin duda todos nosotros aspiramos y nos esforzamos cada día por parecernos a Dios, es decir por ser buenos. Ojalá sea así.

Y, este hombre bueno, San José…que no tonto, ni simple, ni ingenuo…fué revestido de una responsabilidad no esperada. Dios que se fija en lo pequeño, en lo aparentemente insignificante, lo eligió para ocupar su propio lugar, para que hiciera de padre de su propio hijo Jesús. Y, José, obediente y sencillo lo asume sin entender mucho lo que Dios le pedía. Y lo asumió con tal fidelidad y responsabilidad que a Jesús le conocerán sus paisanos como “el hijo de José, el carpintero” Y Jesús entroncará en la larga lista de los que sostuvieron la promesa mesiánica de Dios en Israel, gracias a José. Así lo leemos en la genealogía de Mateo. Padre es algo más que engendrar a un hijo, es también custodiarlo, ayudarle a crecer, enseñarle valores, insertarlo en una tradición familiar, ayudarle a crecer y asumir un contexto cultural determinado. En definitiva, es educarlo para ser “buena persona”.

Y, todo esto, lo realizó José en silencio. Ni una sola palabra suya recoge el evangelio, aunque sí recoge sus acciones, entre las que aparece como definitiva de su personalidad y de toda su vida, el verbo levantarse. “José se levantó”.

Esa es la prueba de que su fe era una fe adulta, sin fisura; una fe decidida, arriesgada, pronta siempre para acoger lo inesperado y ponerse en camino: como María. Ella también, dice Lucas,” se levantó” cuando el ángel le anunció, que su prima Isabel esperaba un hijo y se puso en camino. “Enseguida, a prisa” – advierte el Evangelio -. También José. Apenas entendía lo que pasaba, pero, a pesar de ello—cuando intuía la intervención de Dios en lo que acontecía, asumía responsabilidades.

En este día, 19 de Marzo, acerquémonos a San José y pidamos para todos, – padres, maestros, sacerdotes y obispos, seminaristas y jóvenes – dos cosas sencillas, pero muy necesarias: La primera: No rehusar colaborar con el otro, siempre y cuando veamos que su gesto y su iniciativa es buena, aunque no se nos haya ocurrido a nosotros, ni sea de los nuestros..

La segundo: que nos ayude a “ser “custodios”. Ser “padre” es algo más que una función biológica, es también custodiar, ayudar a crecer, enseñar valores, insertar al otro en una tradición familiar, social, eclesial…En definitiva es “educar” para que el otro sea capaz de hacer emerger en él todas sus posibilidades de hacer el bien, de vivir en armonía con todos y con todas las cosas.

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