Pentecostés (ciclo A)

Celebramos hoy, día de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo: el gran regalo del Resucitado. Pero ¿Quién es el Espíritu Santo? No es fácil explicarlo, porque el Espíritu de Dios rompe todos los esquemas, rompe todos los moldes.

La Palabra de Dios que hemos proclamado describe hasta de cuatro formas diferentes la venida del Espíritu: El es el aliento, la respiración de Dios, su última Palabra; una palabra siempre nueva, siempre otra. El Espíritu Santo es Dios en libertad…Siempre hace cosas que no esperas: Le da a María un hijo ilegítimo, un hijo “proscrito” y a su prima, la anciana Isabel, un hijo profeta… ¿Quién es el Espíritu Santo?

Las lecturas que nos propone la Liturgia en este día nos presentan una sinfonía de imágenes que nos revelan algo el interior y la identidad del Misterio del Espíritu Santo. Todas esas imágenes son simples grietas, rendijas a través de las cuales podemos intuir algo su identidad…Detengámonos, pues, y miremos en profundidad…
En primer lugar, evoquemos brevemente en el evangelio (Jn 19) y observemos: Es la tarde de la Resurrección. Jesús, puesto en medio de sus discípulos encerrados en una casa por miedo a los judíos, se dirige a ellos y soplándoles su aliento, les dice: “Reciban el Espíritu Santo”… El Espíritu es presencia que alienta, que da vida, consuela; es ligero y sereno, como un suspiro, como un pálpito del corazón.

En segundo lugar, el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 2), tal como hemos escuchado en la primera lectura: El Espíritu Santo se nos presenta ahí como energía, como fuego y fuerza, ruido de trueno que abre y agita puertas y ventanas.Mientras las puertas de la casa donde se han recluido los seguidores de Jesús están cerradas por miedo a los judíos, algo sucede que cambia para siempre la vida de aquellos hombres y mujeres. A partir de ese momento, ese lugar, bloqueado por el miedo y el desencanto, se convierte en el epicentro de un huracán, que lanza a aquellos hombres a recorrer los caminos del mundo. Son hombres y mujeres que bailan y se mueven alegres y desinhibidos como si estuvieran “borrachos”.

Este es el Espíritu: Llama que incendia la vida; viento que empuja; terremoto que destruye lo que está mal edificado y deja en pie, sólo aquello que verdaderamente merece permanecer… Viene el Espíritu y la vida de aquella comunidad incipiente, miedosa y replegada sobre sí misma, se desbloquea. 

En tercer lugar, recordemos la segunda lectura(1ª Cor 12): El Espíritu viene, según hemos escuchado a Pablo, como don diverso para cada uno. Esta es la belleza y la genialidad de cada cristiano; distintos, diferentes, pero todos unidos en una misma fe, en un mismo Señor…En un mismo cáliz y en una misma sangre.
Por último, encontramos una cuarta descripción en el salmo (Sal 104): “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”…Y el salmista proclama: “La tierra está llena de tu Espíritu…tu alientas a tus criaturas, los creas y repueblas con ellas la faz de la tierra”.

El Espíritu llena, fecunda toda la tierra; nada está excluido de su acción: Está llena la tierra…”Llena”, no sólo rociada o simplemente movida por ráfagas de viento, no, la tierra toda está “llena del Espíritu”; es El, el que hace germinar esos brotes verdes en el tronco seco de tantos corazones; es El, el que permanentemente está trabajando en el corazón de la historia y de las cosas una primavera nueva… Está en el fondo de los barrancos, en lo alto de las montañas, en el corazón de los océanos, en el ruido de las ciudades; está en todo, fecundándolo todo, alentando lo justo, lo bello, lo bueno…Está en todo, como si todo fuera una liturgia maravillosa, una misa cósmica, en palabras de Teilard de Chardin…

¿Quién podría tener una mirada más ecológica y agradecida sobre el medio ambiente, sobre el universo, que el creyente? Él, el Espíritu Santo, es el que “da vida y santifica todo”, diremos en un instante en la plegaria eucarística (Pleg. Eucar. III).

¡Ven, Espíritu Santo, repuebla la faz de la tierra y enciende en nosotros el fuego de tu amor!

Resumiendo: Nos preguntábamos ¿Quien es el Espíritu Santo?. Y la Palabra nos responde: Es aliento que da vida, es  energía y fuerza que moviliza; es don multiplicado en diversos y variados carismas, don multiplicado en diferentes y singulares vocaciones al servicio del bien común; es semilla que lo fecunda todo, y está presente en todo.

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