Festividad de Todos los Santos. A la Luz del evangelio

Hoy 1 de noviembre ,nos reunimos para celebrar la fiesta de todos los santos. Para celebrar la fiesta de todos aquellos y aquellas que siendo en sus vidas coherentes, sencillos y solidarios, se dejaron seducir por Jesucristo y ahora gozan de la plenitud de Dios.

Son innumerables y a algunos de ellos los hemos conocido e incluso nos hemos relacionado con ellos. Son todas esas personas que han estado junto a nosotros y han dejado en nosotros un poso de bondad, de saber hacer bien las cosas y, su estar ahí, nos ha hecho incluso, mejores. No han desaparecido para siempre y seguimos sintiendo su fuerza. No son santos de primera, diríamos. Santos oficiales, reconocidos por la Iglesia y puestos en los altares. Pertenecen más bien a la clase media de la santidad y muchas veces sólo los hemos notado, echado de menos, cuando han desaparecido. Son los santos de la puerta de al lado.

Hoy queremos reconocerlos y celebrar en ellos el triunfo de la gracia de Dios, de la acción del Espíritu. Hoy queremos celebrar en ellos a Jesucristo de quien fueron imitadores fieles, unas veces de forma explícita, otras de forma menos explícita, pero siempre hombres y mujeres que durante sus vidas empujaron el mundo un poco más hacia adelante, con su alegría, su servicio, su amor, su entrega a los demás, su resistencia. Sus vidas no han sido inútiles. Hoy estamos aquí para proclamarlo y dar gracias por haber estado ahí.

Acabamos de escuchar las bienaventuranzas, son la columna vertebral del Evangelio.Vivirlas es apostar por la santidad y, curiosamente, nos lo dice Cristo, es apostar también por la felicidad. En definitiva, es darle un sentido a la vida, a esta vida que tenemos y que sólo vivimos una sola vez.

Ciertamente no es fácil ser feliz. Porque no se logra la felicidad de cualquier manera, ni es algo que podamos comprar. Por eso es importante saber en qué estamos poniendo nuestras expectativas a la hora de conseguir la plenitud, la realización personal, la paz interior. En el fondo, se trata de saber si estamos bien o mal programados, si tenemos la vida bien o mal planteada.

Pero Dios no se ocupa sólo de que seamos felices, sino que nos señala el camino. Ciertamente es un camino inesperado, contracorriente pero, sin duda, un camino que nos deja sin palabras, ante tanta ternura y grandeza.

Ofertas de felicidad las tenemos de todos los colores y afectan a todos los campos. La mayoría de ellas suenan así: dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea… los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas, los que tienen éxito…Jesús, sin embargo ha puesto esta programación cabeza abajo y, acabamos de oírlo, ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender las cosas, advirtiéndonos que, a menudo, corremos en dirección contraria. Hay, por tanto, otra forma de entender la felicidad y tiene como motivación última el seguimiento sencillo de Jesús. Ser cristiano no es vivir fastidiándose más que los demás, no. Ser cristiano, por el contrario es buscar ser felices, pero no a cualquier precio o bebiendo en espejismos que sólo alimentan nuestra angustia y nuestra frustración.

En definitiva se trata de elegir entre vivir amando, aunque suframos por ello y no amar y por lo tanto no suframos. Las bienaventuranzas nos vienen a decir que cuando nosotros buscamos la felicidad del otro, Dios se ocupa de nuestra felicidad.

Los santos, no son superhombres o super-mujeres, sino hombres y mujeres que se han tomado en serio esos escasos metros cuadrados donde se mueven y han intentado mejorarlos y así mejorar el mundo. No son héroes, si testigos de la belleza de Dios. Todos llevamos dentro este movimiento, que en la sencillez y humildad de lo que hacemos, nos hace artesanos de un mundo diferente, marcado por el GPS de las Bienaventuranzas. Una felicidad asegurada…una felicidad que nace de la compasión, del servicio, de la coherencia y la búsqueda permanente de un mundo más justo

Los santos, aquellos que han entendido en su simplicidad el evangelio que puede encerrarse en un vaso de agua dado al que lo necesita, son una prueba de que es posible otra vía para la felicidad…muchos los hemos comprobado en nuestra propia casa, en nuestro ámbito laboral o vecinal: hombres y mujeres que, sin ser héroes, han sido testigos con su vida del Evangelio, dejando en cada uno de nosotros un poso de bondad y de cariño que nos ha hecho mejores.

Gracias, Señor, porque un fragmento tuyo vive en cada uno de nosotros: los santos son la prueba más evidente. ¡Gracias!

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