(Marcos 13, 24-32)
Las palabras que acabamos de escuchar en el evangelio, no se refieren a una película de miedo o a una DANA cósmica que acontecerá al final de la historia, estas palabras pertenecen a un lenguaje literario que los entendidos llaman “apocalíptico”, un género que se caracteriza por su lenguaje imaginativo: El sol se oscurecerá, la luna no brillará, las estrellas caerán…En este discurso, Jesús no nos informa sobre una catástrofe, nos da una clave para que interpretemos el sentido de la historia…
¿Realmente vence siempre el mal? Nuestra experiencia cotidiana parece decirnos que el mal vence siempre y el bien siempre pierde… ¿Pero es así? Para evaluar las cosas en profundidad y no dejarnos engañar por las apariencias, es necesario que nos evadamos de vez en cuando del tiempo, levantemos la mirada y miremos lejos: Es por esto, sólo por esto, que el último discurso de Jesús no habla de la Cruz, sino del retorno del Hijo del Hombre con gran poder y gloria.
Esto quiere asegurarnos que la eficacia oculta de la Cruz, es decir su posibilidad de victoria y de gloria, que por ahora no se ve, al final, irrumpirá frente a todo y se impondrá con su fulgor más radiante.
Posiblemente para contextualizar este discurso, no podemos perder de vista, lo que algunos exegetas advierten: Este capítulo del evangelio de Marcos probablemente fue añadido por Marcos, después de concluir su evangelio. Marcos dirige su Evangelio a las comunidades cristianas de Roma y en aquel momento, estas comunidades que eran pequeños grupos de cristianos – de 15 a 30 personas desperdigadas por la ciudad, – comenzaron a ser perseguidas por el hecho de ser cristianos. ¿Qué pasaba? Los cristianos no entendían nada, lo que parecía ser una alternativa y una forma de vida, llamada a ser el futuro, ahora se veía diezmada, agredida, amenazada por los poderes fácticos… ¿Qué hacer? Por otra parte, surgían falsos profesas y falsos mesías que, incluso, realizaban signos que parecerían convincentes, hasta el punto de crear dudas en los verdaderos creyentes… ¿Era esto el final?
Nada nuevo que nosotros no podamos ahora mismo experimentar también; Vivimos no sólo una época de cambios, sino, como dice el Papa Francisco, un cambio de época, y los discípulos de Jesús nos sentirnos frecuentemente confundidos, desilusionados, tentados por la duda de si la Cruz de Cristo ha servido para algo: Aparentemente el mundo sigue como antes, y la carga de odio y de horror parece no tener fin… ¿Es esto cierto? ¿Cómo reaccionar ante todo eso? ¿Qué podemos hacer?
Jesús, ante esta situación advierte: No se preocupen… Estén atentos. Y añade el evangelio de Marcos, recordando sin duda algunas palabras de Jesús que Pedro, el mentor de Macos le sugiere: “Todo eso pasará…” Todos esos que brillan, todos esos que parecen que tienen el mundo en sus manos, todos esos que piensan que lo controlan todo, caerán…Y se levantarán de los cuatro puntos cardinales ángeles (mensajeros) que anunciarán la Palabra, reunirán, apoyarán y sostendrán a las comunidades dispersas, mientras, el Señor viene, el Señor se hace presente …
Hermoso y bello Evangelio el de hoy… Mientras un mundo viejo muere, mientras una forma de testimoniar la fe desaparece, otras formas nuevas, emergen aquí y allí… Aprendan, añade Jesús, aprendan de la higuera, – árbol bíblico por excelencia – un mundo nuevo está brotando, una forma nueva de vivir la fe se está generando…
“Estén atentos…Miren… Levanten la cabeza…No pierdan la calma… ”Actitudes, ciertamente fáciles de decir, pero difíciles de practicar. Sólo será posible vivirlas si nos anima una gran fe y una verdadera esperanza. Sólo una gran fe nos dará capacidad para distinguir a los verdaderos y falsos profetas, sólo una gran fe puede darnos serenidad y mantenernos vigilantes ante las verdaderas y falsas renovaciones. Sólo una esperanza potente puede ayudarnos a resistir y a permanecer con el corazón en vilo, serenos y abiertos a los retos y a los nuevos desafíos del momento: El cristianismo no ha pasado, en Europa no ha muerto el cristianismo, ha muerto una forma concreta, histórica, de vivirlo, pero un mundo nuevo, una forma nueva, patalea por salir a la luz…Y el Señor viene en ella y con ella.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”: Esta es la consigna de Jesús y es esa consigna la que justifica y exige al discípulo serenidad, fidelidad y la certeza de que el futuro que nos aguarda está en las manos del Crucificado.
El evangelio nos educa en la Esperanza, nos invita a intuir dentro de la fragilidad de la historia, ese futuro nuevo que está emergiendo en lo pequeño, en lo aparentemente invisible, en esa fuerza misteriosa que recorre el mundo y genera nuevas primaveras…También en la Iglesia, también en la sociedad.
El evangelio habla de estrellas que caen, pero en la primera lectura, el profeta Daniel levanta la mirada y nos reta, nos invita a levantar la cabeza y, a mirar, porque …”Los sabios brillarán y los justos serán como estrellas para siempre”.
Se refiere a nosotros…Se refiere a ti y a mi…

