Evangelio del domingo: XII del tiempo ordinario (A)

(Mt 10, 26-33)

El pasado domingo en el evangelio de San Mateo, contemplábamos a Jesús comunicando a los 12 apóstoles por él elegidos, su propia autoridad y su misión en el mundo; hoy, Jesús, profundamente realista, les habla a sus discípulos de los sufrimientos que tendrán que afrontar si son coherentes y se entregan a esa misión. Jesús, les habla a sus discípulos y seguidores, con tanta concreción de las fatigas y heridas que tendrán que soportar , que posiblemente al describirlas, el autor de este texto tenía delante los conflictos y persecuciones que tuvo que sufrir la iglesia de los últimos decenios del siglo I y que Jesús ya les había advertido. De ahí la llamada, al menos tres veces en el texto, a no tener miedo.

El miedo es, sin duda, una dificultad y un impedimento, que no podemos ignorar a la hora del anuncio del Evangelio y a la hora de confesar nuestra fe…. No es fácil ser fieles y coherentes en medio del contexto cultural y social en el que vivimos…Acosados y tentados permanentemente por la indiferencia, nos exponemos incluso a que Dios mismo y Jesucristo, ante nuestras infidelidades y nuestras opciones, renieguen a su vez de nosotros… Aunque, siempre nos quedará el consuelo de que en medio de los sufrimientos “ el Padre lo ve todo”.

El miedo, sin duda, es inevitable y no se quita con un decreto…Ni siquiera se quita – nos dice el evangelio – con el valor o el coraje. Lo contrario del miedo, no es el coraje, sino la fe. Lo aseguró el Maestro una noche de tempestad en medio del lago: “¿Por qué tienen miedo? ¿No tienen fe?” (Mc 4,40). También insistió en ello, cuando aquella mujer cananea le tocó el manto pensando que aquel gesto podía curarla, como así fue…Y Jesús le dijo: “Mujer, no temas, tu fe te ha curado…”

Los creyentes no somos héroes, sólo somos eso, creyentes; hombres y mujeres de fe. Lo que es capaz de llevarnos más allá de nuestros miedos, y romper todo lo que nos bloquea y paraliza, no es que estamos hechos de una pasta especial, fuerte y resistible, sino nuestra fe. Y Jesús, con bellísimas y tiernas imágenes, nos habla de esa fe. Ni siquiera un pajarito, un gorrión, caerá en tierra, sin que el Padre lo quiera…Pero ¿Cómo se entiende esto? ¿Es Dios el que corta en seco el vuelo de los pájaros? ¿Es Dios el que corta el vuelo de mi madre, de mi hijo, de cualquier criatura? ¿Es Dios el que lo quiere?

En realidad lo que dice el Evangelio es otra cosa: Ni un pajarito caerá “sin el Padre”, lejos de su presencia…Nadie muere lejos de las manos de Dios, nadie muere sin que Dios lo sienta como algo suyo. Esto hasta tal punto es así, que el Crucificado no es otro que el mismo Dios y en todos los crucificados es el mismo Cristo quien también es crucificado…Y cuando alguien asfixia con su rodilla al hermano y no le permite respirar, es el mismo Espíritu de Dios quien no respira.

¡No tengan miedo!… Vuelen, emprendan el vuelo de sus sueños: Ese vuelo largo y seguro que tiene su casa, su nido, en las mismas manos de Dios…Y para motivarnos a desafiar nuestra pasividad y nuestros miedos, Jesús nos regala bellas palabras de ánimo: “Ustedes valen más que los pájaros”…Ustedes, tú “vales”… Vales más que las flores, más que los campos, más que las nubes de pájaros… ¿Lo habías oído alguna vez? “Yo valgo”…” “Tú vales”. Por tanto, fuera la inseguridad; lejos de mí, lejos de ti la necesidad, que a veces siento o sientes de tener que demostrarlo todo.

Y continúa el Evangelio, acariciándonos y hablándonos de Dios, un Dios que hace por tí lo que nadie ha hecho, ni hará jamás: Dios conoce y cuenta hasta cada cabello de tui cabeza…Dios que te tiene en cuenta, fragmento a fragmento, célula a célula, fibra a fibra. Para Dios nada de mi vida es insignificante. Porque para el que ama todo lo que afecta a la persona amada es importante, incluso lo aparentemente anodino…Para el que ama cualquier detalle se convierte en lenguaje, en alfabeto del amor, en emoción.

¡No tengas miedo…! Aunque te sientas pequeño, ligero como un pájaro o frágil como un cabello…Tú vales y vales, no por lo que haces, por lo que produces o porque tienes éxito, sino porque vives, sonríes, amas, porque crees… Porque estás ahí.
¡No tengamos miedo!: Hemos salido de las manos de Dios y hemos emprendido el vuelo, cada uno con forma particular de volar, pero no nos detengamos…Algún día terminará nuestro viaje, pero nada acontece fuera de Dios…. Cuando acabemos nuestro vuelo, y nos posemos para siempre en las manos del Padre terminará la historia “nuestra” y comenzará la historia interminable de Dios.

“¡No tengan miedo”!… ¡Crean…! “Ustedes valen más que los pájaros del cielo…”

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