Evangelio del domingo III del T.Ordinario (B)

(Mc 1, 14-20)

Marcos inicia el evangelio, condensando en pocas líneas, varias informaciones: El Bautista ha sido arrestado; entonces, Jesús toma el relevo, porque la Palabra de Dios no puede encerrarse en una prisión y añade una breve pincelada sobre Jesús, el profeta nuevo surgido en medio del pueblo: Es un itinerante que vive prácticamente en la calle, camina por los caminos de Galilea, se acerca a la orilla del mar – su ámbito preferido – y camina entre las barcas de los pescadores, donde ve en primer lugar, a Pedro y Andrés que estaban echando las redes en el mar.

Según Marcos, la predicación de Jesús se resume en estas frases: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el Evangelio”. Luego nos informa de quiénes son y cómo son convocados los primeros discípulos…Estamos en los comienzos de algo nuevo y se nota la frescura de aquellos primeros momentos.

Detengámonos y miremos en profundidad: Jesús va a Galilea, no va a Jerusalén, dónde está el centro del poder religioso y civil. Va a Galilea, la región más contaminada por las influencias externas y donde los caminos de las culturas del momento se cruzan y se encuentran. Como se dice hoy, Jesús va a la periferia y allí, dice Marcos, comienza a proclamar el Evangelio de Dios.

Lo primero que intuimos detrás de las palabras de Marcos es que aquel hombre, llamado Jesús, ha sido alcanzado por una fuerza misteriosa que le obliga a dejar su vida, su casa, su trabajo, su familia, su pueblo, todo. Y ahí está, recorriendo caminos, acercándose a los hombres y mujeres en su propio ambiente: Al templo – lugar sagrado por excelencia – , el nuevo profeta, elige el tiempo, el ámbito donde el hombre realizan su trabajo cotidiano… A lo extraordinario y segregado, prefiere lo secular y profano, lo ordinario… Proclama mientras camina de un lado a otro que Dios es una bella noticia, una experiencia que hace florecer la vida, Alguien capaz de poner en movimiento lo mejor de nosotros y darle a cuanto hacemos un sentido nuevo; en definitiva, Alguien capaz de hacernos felices.

Esto aparentemente obvio desde la óptica de la revelación, no era, ni es tan evidente, tan obvio a veces. La Biblia no siempre la hemos percibido como Evangelio, como alegre noticia… Muchas veces lo entendemos como amenaza, juicio, doctrina e incluso como carga o como un peso. Pero, según el mensaje del nuevo Rabí, que recorre los caminos polvorientos del norte de Palestina, es todo lo contrario: El Evangelio es palabra que conforta, es un dinamismo ligado a su persona, es presencia divina que libera. Tras su paso va emergiendo una huella de esperanza: Es posible algo nuevo, es posible un futuro nuevo, un mundo diferente. Es posible soñar. Y la noticia se expande, corre de boca en boca. El evangelista lo cuenta así: “El Reino de Dios está cerca, porque Dios se ha hecho vecino nuestro, está en medio de nosotros”.

¿Pero qué Dios? Jesús no muestra el rostro de ese Dios enseguida…Pero comienza a curar, a perdonar, a incluir a los excluidos, a romper barreras…Y, progresivamente, va marcando el perfil de ese Dios a quien llama Padre: Un Dios experto en vida, experto en dar nuevas posibilidades, experto en reconstruir, en renacer.

Para acoger a ese Dios, Jesús sugiere que hay que convertirse y creer en el evangelio. “Convertirse”, no como una exigencia moral, sino como un reconocimiento de que nos hemos equivocado de camino, que la felicidad no está dónde solemos buscarla, sino en otra parte: Cambien, pues, de dirección, de sentido de la marcha… Sigan el nuevo camino como un girasol sigue los senderos del sol desde que amanece hasta que cae la tarde…Ese sol ya está aquí y es necesario acogerlo, convertirse a El que no es aprender una nueva doctrina, sino más bien compartir un proyecto de vida…”: Por eso, “síganme”…Crean en el Evangelio, no sólo al Evangelio.

Y “caminando junto al lago,” “vio”… ”Vio” a cuatro pescadores que se afanaban en su labor y les invitó a compartir su proyecto… “Les haré pescadores de hombres”. Es decir, les haré buscadores de todo aquello que puede aportar más humanidad a los hombres, les haré buscadores de cuánto bello y grande hay en el corazón de cada hijo de Dios y lo sacareis fuera, como se saca una red llena de peces o como se extrae a un recién nacido de las aguas maternales.

Hoy domingo de la Palabra de Dios, una Jornada para celebrar y agradecer este acontecimiento siempre vivo, situémonos, escuchemos y confrontémonos personalmente con la Palabra proclamada: “Conviértanse y crean en el evangelio!”; “cambien de mentalidad” …”Vivan la Buena Noticia!”. ¡Animo!

Los que seguimos a Jesús sabemos perfectamente que Dios revienta las redes, llena la vida, multiplica el coraje y la fecundidad: “No quita nada y lo da todo”. Estas dos parejas de hermanos, que aparecen hoy en el Evangelio, son el primer núcleo de esa fraternidad universal a la que Jesús nos llama… ¿Te decides a seguirlo de verdad?

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