Epifanía del Señor (Los Magos)

 

Epifanía es la fiesta de los buscadores de Dios, la fiesta de aquellos que están lejos pero sienten en su interior la voz de una inquietud, una especie de profeta particular que les dice y les moviliza: “Levántate y ponte en camino”.

Dos verbos bellísimos: “Levanta la cabeza, levanta la mirada, mira a lo alto y a tu alrededor…” «Abre las puertas de tu casa, fuera de ti hay también vida…» Busca una perspectiva en tu camino, una esquina privilegiada o una estrella polar e interpreta desde ahí la vida a partir de objetivos que te eleven, que te ayuden a soñar.

El evangelio de San Mateo con el episodio de los Magos describe la búsqueda de Dios como un viaje, al ritmo de la caravana, al ritmo del paso que va marcando una pequeña comunidad: Caminamos juntos, atentos a los que están junto a nosotros, ralentizando el paso a las posibilidades del otro, a las posibilidades del que camina con más dificultad. Luego lo más sorprendente: El camino de los Magos está lleno de errores: pierden la estrella, se dirigen a la gran ciudad en lugar de ir derechos al pequeño pueblo, preguntan por el niño a un asesino de niños, buscan un palacio y encuentran una casa normal…Pero tienen la infinita paciencia de comenzar de nuevo.

Nuestro drama no es caer, nuestro drama es rendirnos a nuestros errores. Y, al final, el premio: Encuentran al Niño con María su madre. Se postran y le ofrecen regalos…Pero el reglo más importante son los meses, quizás años de búsqueda, andar y andar tras un deseo más fuerte que los desiertos que han tenido que atravesar y la fatigas y el desgaste del camino.

Dios tiene sed de nuestra sed…Y entran y adoran al Niño en brazos de su madre y dejan a sus pies regalos desproporcionados con lo que ven…Lección misteriosa: Allí no está el hombre que cuelga de una Cruz, ni el Resucitado glorioso, ni un joven atlético y seguro…A quien encuentran y adoran es a un niño pequeño. La Navidad no es solo “Dios con nosotros” o “Dios como nosotros”, es también un «Dios pequeño entre nosotros”. De Él no podemos temer absolutamente nada.El relato de los Magos nos enseña también que el tiempo de Dios siembra signos en el hoy de nuestra historia, pero nos cuesta aceptar que otros, diferentes y distintos, nos hablen de esos signos y nos conduzcan a ellos.

Este niño recién nacido se salvará gracias a un encaje de sueños, que atraviesan la noche del mundo. Gracias a  esos sueños nos ha quedado el enigma de el “Salvador salvado,” que jamás olvidará en su vida la ternura del Dios- Abba, que actúa a través de unos paganos y de la decisión de un hombre, José, que no era su padre. Así aprendió Jesús desde muy pequeño la gramática básica para nombrar al Dios inefable de Israel.

Escrito por

es_ESSpanish