Corpus Christi (Evangelio del domingo A)

(Jn 6,51-58)

Celebramos hoy la fiesta del Cuerpo de Cristo (Corpus Christi), la fiesta de la Eucaristía. Acabamos de escuchar la Palabra de Dios, una Palabra que nos remite a la sinagoga de Cafarnaúm, posiblemente el discurso más rompedor de Jesús, el más explosivo: “Coman mi carne…Beban mi sangre.”

Jesús habla como quien está convencido de que tiene la clave de la vida, como quien tiene algo que es capaz de darle a la vida significado y futuro. Y repite e insiste en la misma idea (“Comer su carne y beber su sangre”), a pesar de los estragos que sus palabras producen en su auditorio. Cuando hablamos de pan, todos sabemos de inmediato a qué nos referimos…Pero hablar de “Pan vivo” no es normal. Esta expresión “PAN VIVO” es una genialidad de Cristo.

El pan es una realidad humana que todos identificamos enseguida… Y es tan común que con esta palabra expresamos casi todo aquello que nos hace vivir o nos resta vida: Por ejemplo, hablamos de “ganarse el pan” cuando queremos referirnos a la necesidad de trabajar para vivir o subrayamos la buena suerte de alguien al nacer diciendo que “trae un pan bajo el brazo”, también nos referimos a alguien de carácter difícil con la frase “es un pan duro de roer” o, todo lo contrario, decimos que es un “pedazo de pan” o un “pan bendito” cuando queremos poner de relieve que es una persona servicial, dulce, asequible. Con la palabra “Pan”, podemos. `por tanto, expresar muchas situaciones… ¿Qué querrá decirnos Jesús con la expresión “Yo soy el Pan vivo”? ¿Qué significará reunirnos para celebrar, compartir y comulgar juntos, cada domingo, este pan vivo?. La invitación de Jesús (“Coman mi carne y beban mi sangre” ) desconcierta a sus enemigos, también a sus amigos, pero Jesús, a pesar de eso, no retira de la frase ni una sola letra; aún más, subraya hasta ocho veces lo mismo, en un texto de ocho versículos, al tiempo que insiste y pone en primer plano, el por qué hay que comer ese pan : “Para vivir”, para vivir de verdad…”El que come de este pan, vivirá”.

El evangelio que hemos proclamado, recoge de forma machacona, divinamente monótona, – como acostumbra el evangelista Juan, – estas palabras. Son palabras que no se refieren a un rito litúrgico, tampoco a los sagrarios…Se refieren a su persona, a su vida, a su existencia…Está hablando del “sacramento” de su persona. “Coman mi cuerpo…beban mi sangre”, lo que Jesús pretende con esta expresión es convencernos de que si queremos vivir de verdad, en nuestras propias venas ha de correr su propia sangre y en nuestro corazón ha de echar raíces su coraje; si queremos vivir de verdad, Dios ha de habitar cada fibra de nuestra vida. “Comer y Beber” el pan de la vida, es comer y beber la misma vida de Cristo, identificarnos con El. Más que “tomar la comunión”, Jesús nos pide “hacer la comunión” con El,

Esto, por tanto, no se reduce a venir a Misa y comulgar, aunque lo integra, sino que va mucho más allá, porque este Pan, que es Cristo, se expande por el altar del mundo y se disemina por todo el planeta. “Como y bebo” también de este pan, cuando me identifico en las diversas situaciones de la vida con las actitudes de Cristo; cuando me preocupo con ternura terca de las necesidades de los demás; cuando me ocupo con pasión combativa de esta tierra que habito e incluso cuando me cuido a mí mismo. En todo esto también “como y bebo el Pan de la vida”, me identifico con Jesús.

Es Jesús quien lo afirma con rotundidad: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece “en” mí y yo “en” él.” Toda la riqueza del Misterio de Dios está en esta frase: Cuando comulgo con Cristo me convierto en El, me identifico con El y El se convierte en mi. El evangelio es de una simplicidad pasmosa: “Cristo en mí y yo en Cristo”. Esto es todo…Son palabras que suenan a declaración de amor…Y lo son.

Jesús viene a decirnos: “Yo quiero estar en tus manos como regalo, yo quiero estar en tu boca como pan, yo quiero moverme en lo más íntimo de ti como tu sangre, yo quiero ser respiración y aliento en tus pulmones…”Tú en mí y yo en ti”. Esto es comulgar… ¡Nada menos que esto!

Ojalá ninguno de nosotros dejemos este mundo sin vivir este milagro: Experimentar a Cristo como Pan vivo, como energía, como fuerza, como comunión con Dios y con los hombres y convertirnos, nosotros a su vez, comulgándole, en pan vivo, en pan bendito para los otros, sobre todo para los más pobres, para los más desprovistos: Por algo celebramos hoy, en una misma unidad Jornada, el Corpus y el día Nacional de Caritas.

¿Podríamos encontrar mejor custodia para pasear al Señor por nuestras calles y manifestarle a los demás como Pan que da vida que nuestras propias vidas? ¿Cómo hacer con nuestras vidas, una custodia sencilla que haga presente a Dios como “Pan que da vida,” en las calles, en el ámbito familiar, laboral, eclesial, social, en medio de la actividad o en el ruido de nuestras ciudades, no sólo el día de Corpus, sino también en el resto del año?

Caritas es amor hecho pan para muchos que carecen de él, se llame bolsa de comida, techo u dignidad…Caritas es jornada de intercambio: Es Jesús mendigo de nuestra acogida, que nos pide pan para los pobres, sacramentos de su presencia histórica y es también Eucaristía, Pan de vida, que da a nuestra existencia intensidad, sentido, comunión con El y que nos pide , a cambio, algo de lo que tan generosamente nos regala…

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es_ESSpanish