Asunción de María a los cielos

Lucas 12,49-53

Celebramos la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos. Una fiesta antiquísima, que las iglesias orientales han celebrado siempre bajo el título de “La dormición de la Virgen”.

En esta solemnidad, Lucas el evangelista, tal como acabamos de escuchar, nos presenta el único pasaje del evangelio en el que las protagonistas, al margen del Misterio de Dios enraizado en el vientre de aquellas dos madres, son dos mujeres : Dos madres, María e Isabel, una y otra embarazadas en condiciones “imposibles.” Ellas, se convierten para el mundo, tal como hemos escuchado, en las primeras profetisas del Nuevo Testamento.

La transición del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento es un tiempo de silencio: La Palabra de Dios, prescinde del sacerdocio ritual – Zacarias el sacerdote que sirve en el Templo de Jerusalén queda mudo por su incredulidad ante el nacimiento de su hijo Juan – y vuela fuera del templo, fuera de lo sagrado…La Palabra de Dios vuela fuera de lo considerado “sagrado” y echa raíces en la normalidad de la vida de dos laicas, en la agenda de todos los días.

Contemplemos la escena que nos narra el evangelio y dejémonos fascinar por la Palabra: “¡Bendita tú, entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” Es el comienzo, la primera frase de todo diálogo verdadero. Bendito, bendita, todo aquel o toda aquella que camina conmigo compartiendo un itinerario y un mismo hogar; “bendito” todo aquel que se acerca a mí, que me trae luz y me ofrece un abrazo. Y le digo, desde el primer momento: “¡Eres para mí una bendición!” Junto a nosotros, junto a cada uno de nosotros, hay mucha gente bendiciendo nuestra vida… Seamos agradecidos y que esta actitud de agradecimiento recorra siempre todos nuestros encuentros.

Isabel, la madre del Bautista, como una directora de orquesta, da la entrada con su saludo…Y, al momento, despierta el alma de María y hace que toda ella se convierta en danza, en música, en salmo, en canción. María, unida a otras mujeres que le precedieron en la historia de Israel, arranca agradecida con la canción del Magnificat: “¡Mi alma engrandece al Señor!”


¿De dónde le viene a María tanta inspiración? ¿Qué es lo que pone a punto su ritmo y todo su cuerpo? María siente que Dios está presente en su vida, que ha entrado en la historia y late en su vientre y en el vientre de su prima como semilla de vida. María siente que Dios interviene en la historia, pero no como los héroes de alguna antigua epopeya o como un sátrapa que impone sus caprichos, sino que interviene a través del milagro silencioso y progresivo de la vida, que ambas, ella e Isabel, experimentan de forma inesperada: Una es casi una niña, que dice sí; la otra, es una anciana que vuelve a florecer. El abrazo entre las dos mujeres ha puesto a bailar al niño de seis meses en el seno de Isabel, y María prorrumpe en una canción que recorre la historia: Le canta a Dios que levanta a los pequeños y ha hecho en María cosas grandes; es el mismo Dios que, sigue interviniendo a través de aquellos que salvan vidas, tanto en tierra como en mar; es el mismo Dios que sigue actuando también hoy a través de aquellos que ponen alegría y belleza en las cosas.

El canto de María es el Evangelio de la Virgen y en él viene a decirnos María, lo importante en la vida no es lo que nosotros hacemos por Dios, sino” creer en lo que Dios ha hecho por nosotros…” Lo decisivo, lo importante, lo que verdaderamente nos salva, es que Dios nos ama, no que nosotros amamos a Dios.Cantar, recitar este texto del evangelio, orar con este texto del Magnificat, es mirar al mundo desde una montaña… Es soñar con el futuro que Dios nos ha preparado, es empujar con ganas en la dirección que sopla el viento del Espíritu, que María tan bellamente nos ha dejado en este mapa, que es el Magnificat.

María, subida al cielo, es el icono de la apoteosis final de la historia del hombre en su lucha contra la ruina que nos amenaza – llámese esta ruina como se llame: guerra, violencia, desequilibrio cósmico o individual, decadencia de nuestro cuerpo, ternura negada, frustración ante el sufrimiento de los que amamos, muerte…Los dragones que nos arruinan la vida, que destrozan la convivencia o apagan  los sueños, existen, son pequeños o grandes…Pero no triunfarán… No ganarán la partida, porque la belleza y la bondad siempre serán más fuertes.

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