( Lucas 4, 1-13)
El pasado miércoles de Ceniza iniciamos la Cuaresma: cuarenta días para pasar del jardín de piedra y de escasez del desierto, al jardín del Resucitado, que encontraremos en la Pascua. Cuaresma es un tiempo para adentrarnos en nosotros mismos e ir a lo esencial.
En este primer domingo, el Evangelio nos invita a hacer un viaje arriesgado, iniciático, duro, junto con Cristo y a adentrarnos en el desierto como punto de partida. En realidad, no se trata de irnos al Sahara o aislarnos en medio del atlántico, sino se nos invita a aislarnos de cuanto pueda distraernos y centrarnos en lo esencial…En realidad se trata de retarnos y responder con sinceridad a la gran pregunta que todos llevamos dentro: ¿Qué hago aquí, en el mundo? ¿Qué es para mí lo verdaderamente importante? ¿A través de todo lo que hago y de todo lo que busco qué es para mí lo importante, qué es aquello que da unidad a mi vida? Muchas veces hemos oído propuestas como ésta…: Si estuvieras en una isla desierta, ¿Qué te gustaría tener contigo? Pues, eso.
Vivimos tiempos de abundancia y muchos de nosotros, incluso, viven tiempos de bienestar…A pesar de todo, cada día nuestra sed y nuestra hambre de otra cosa, se dispara. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué Jesús tiene que ser tentado? ¿Por qué también cada uno de nosotros estamos sometidos a la tentación?
El término “tentar,” “probar a alguien”, tanto en latín, en griego como en hebreo, tiene un doble significado: Por una parte, puede significar “poner en dificultad” y, por otra parte, podría significar “adquirir certeza,” “intentar verificar algo”. Por ejemplo, si yo digo, “estoy pasando por una prueba,” puede entenderse que, “estoy teniendo una dificultad”, pero también podría significar “estoy confirmando algo que no tengo muy claro…” Le sucede a Jesús y lo indica Lucas: “Después de cuarenta días, sin probar bocado, al final sintió hambre…”
Es en la dificultad, en el desierto, en la inconsistencia, donde se verifica la verdad de nuestra vida y donde constatamos nuestra capacidad de superación.,, Es en las situaciones difíciles y conflictivas donde se pone de manifiesto de qué pasta estamos hechos. Lucas dice que Jesús, guiado por el Espíritu va al desierto y allí siente también la acción del diablo… (del que divide, “diabolos” = el que divide)), de aquel y de aquello que rompe la unidad integral de cada ser.
¿Qué es la tentación? La tentación es siempre una elección entre dos amores, ante ti pongo la vida y la muerte, elige…Ante ti pongo la posibilidad de gastar tu vida en el servicio y en la promoción fraterna y humana del otro o de gastarla acumulando para ti, cerrándote sobre tus propios intereses, haciendo que todo se convierta en Pan que alimente tus intereses. Elige.
¿Qué quieres hacer de tu vida? Un don para los demás, crear armonía entre tý tu entrno o reducirlo todo a dinero, transformarlo todo, tierra o belleza, en bienes de consumo a tu servicio? Esta es la primera tentación que experimenta Cristo y es una tentación que experimentamos todos.
“Todo te lo daré…” es la segunda tentación: El sueño de poder que ha destruido y sigue destruyendo todo, personas y civilizaciones y que el diablo pone también ante Jesús, como la aspiración fundamental de la vida…
Jesús desenmascara la trampa y la rechaza, porque El no quiere poder; El es un mendigo del amor humano, “he venido a servir”. Por eso, el que se identifica con El, no debe arrodillarse nunca ante nadie, ni permitirá que nadie se arrodille ante él..
“Arrójate de aquí abajo, que los ángeles te protegerán…” Es la tentación tercera. Es la propuesta de adherirnos, como garantía de los delirios de poder y de egolatría con los que soñamos, a un Dios imaginario que juega con las leyes de la naturaleza a placer y que convertimos en garante de nuestras opciones…Es la tentación que todos tenemos de fabricarnos un Dios a nuestro servicio. Es la manipulación de lo religioso, la tentación que todos tenemos de convertir la religión en magia.
Tres tentaciones que, en definitiva, son nuestras grandes tentaciones:
Jesús responde a cada una de estas tentaciones, no sólo de forma puntual, sino a lo largo de toda su vida: No son los ángeles o las fuerzas ocultas de la divinidad, las que actúan en nosotros, sino la fuerza de la Palabra de Dios, si se lo permitimos.
Estamos en Cuaresma, un tiempo de gracia, no especialmente para preguntarnos sobre el “por qué” de nuestras debilidades y cómo superarlas, sino un tiempo propicio para experimentar “cómo” vivir la salvación en nuestra debilidad.
Cuaresma no es un tiempo para hacer méritos delante de Dios, sino un tiempo para verificar que, a pesar de mis lados oscuros, Dios me visita, Dios me manifiesta su amor. Cuaresma no es un camino para hacernos más perfectos, sino un camino para hacernos más hijos. más humanos.

