A la luz del Evangelio.Festividad de San Pedro y San Pablo

(Mateo 16, 13-19)

Celebramos hoy, la fiesta de San Pedro y de San Pablo. Realmente algo extraño en el Año litúrgico, que de ordinario siempre da prioridad a la liturgia del domingo…Es algo que me desconcierta, pero, al mismo tiempo, me conmueve y me llena de gozo…Me desconcierta, porque parece, como si pasara a un segundo plano el Evangelio, para poner en primer plano a quienes por definición, son personajes secundarios de la película…Por otra parte, me conmueve, porque al hacer esto, al poner el foco en estos cristianos de los orígenes, tan distintos y tan distantes, la iglesia nos estuviera diciendo, miren, párense y observen…Vivir el Evangelio es posible, es posible vivir a Jesucristo y esto no hace de cada uno de nosotros fotocopias intercambiables, una comparsa uniforme, un pueblo de gregarios y sumisos o de personas que deben renunciar a su personalidad y a su perfil humano para fundirse en un molde único, mono-color… Párense y observen el calidoscopio, la diversidad de la Iglesia y de la santidad, la belleza variada que genera el seguimiento de Jesús.

Para entender esto, les propongo hacer con estos dos santos, Pedro y Pablo, algo inaudito y hasta irreverente: Bajemos a estos dos hombres de las hornacinas y de los altares a los que les hemos subido y dejémosles andar libres, como personas normales…Dejémosles caminar por nuestras calles y plazas y preguntémonos qué pueden decirnos estos hombres tan diferentes entre sí, sobre el seguimiento de Jesucristo; qué pueden decirnos de lo que tenemos nosotros y ellos en común, la fe…

Pedro y Pablo, identificables a simple vista, son extraordinariamente diferentes: Pedro es un galileo rudo, curtido por el sol, pescador en el lago de Tiberíades; es un hombre de peces y de pesca, poco conocedor de discusiones teológicas o tradiciones rabínicas;  sencillo e impetuoso, generoso y frágil; Pedro es un hombre terco, experto en su oficio, pero poco más …Pablo, es un intelectual refinado, desafiante, fanático, perseguidor convencido; un hombre apasionado, consumido por sus búsquedas y sus polémicas, con una vida casi al límite… Pedro y Pablo son dos hombres totalmente diferentes, distintos, hasta tal punto, que nada en la vida podría haber unido jamás a estos dos hombres. Nada…

Y sin embargo, aquí están: Los dos juntos, en una misma festividad, como beneficiarios “ex aequo” de un mismo galardón, de un mismo premio…Aquí están juntos: En  una misma medalla, como el anverso y reverso de un mismo relato… Y es que ambos confluyen en dejarse fascinar por Cristo y, a pesar de sus diferencias y sus confrontaciones, ambos amaron al Maestro y amaron a la Iglesia con pasión, con libertad, con fidelidad, con aceptación mutua. Cada uno, desde su impronta personal, desde el rol recibido: Pedro, no mejor que el resto de los discípulos, pero si auténtico, capaz de reconocer sus errores, capaz de llorar sus debilidades, capaz de creer contra todo, es el elegido para custodiar y confirmar en la fe a sus hermanos y es elegido, porque es un hombre de fe, un hombre que ama y se siente amado. Pablo, que cae en tierra cegado por la luz del Resucitado, es un hombre apasionado también por el Evangelio, devorado por la sed de la evangelización y la solicitud de todas la jóvenes iglesias. Gracias a Pablo el cristianismo pronto superó los límites de Israel y rompió los muros excluyentes de los inicios … Sin Pablo, el cristianismo habría tenido un recorrido diferente…

Hoy la liturgia nos remite a estas dos columnas de los orígenes cristianos. Diferentes en personalidad y en experiencia pastoral…Diferentes, incluso en la forma de morir: Pedro en la Cruz cabeza abajo como nos atestigua la tradición y Pablo degollado…Pero ambos unidos en una misma pasión, en una misma fe, en un mismo amor a Cristo y a la Iglesia… La fe en Jesucristo, nos invita a vivir en la ternura de una misma pertenencia a Jesucristo… Jesucristo es la piedra angular, es el centro y la respuesta, “no hay otro nombre en el que podamos ser salvado”. Pero, así como no hay dos personas completamente idénticas, también somos irrepetibles y únicos como creyentes…

Vivir en la alegre diversidad de la Iglesia es enriquecedor, pero también, puede resultar desbordante…No olvidemos que todos, todos, como le gustaba repetir al papa Francisco, todos, cabemos en la Iglesia…Y todos aprendemos de todos y todos podemos evangelizar y ser evangelizados por todos…Lo importante no es lo que nos diferencia, sino lo que nos une…Y, eso tenemos que tenerlo claro: Lo que nos une es una persona, Jesucristo, que no ha venido a darnos lecciones, a adoctrinarnos, sino a estimular respuestas, que se deciden con el corazón… Por eso, a ti también, a cada uno de nosotros, más allá de nuestras diferencias y los caminos diversos por los que nos adentramos en la historia y en la experiencia cristiana, la pregunta que Jesús nos hace, es la misma…¿Quién soy yo para ti?  ¿Me amas?

Imágenes Relacionadas:

Escrito por

es_ESSpanish