(Lc 16, 1-13)
Estamos ante un texto del Evangelio que nos resulta desconcertante…No es el único, pero llama especialmente la atención. Que el dueño de la empresa alabe a su administrador, que además de ser un mal profesional, le robe, convirtiéndose en una especie de Robin Hood, para dárselo a los que tenían menos, nos deja perplejos.
Hace el bien robándole a su amo, repartiendo a manos llenas lo que no es suyo. Y lo curioso, vuelvo a insistir, es que Jesús lo alaba. ¡Sorprendente!… El resto, desgraciadamente es cosa de todos los días y de todos los sitios: De hombre y mujeres corruptos está lleno el mundo y de eso, a nivel político, sabemos mucho. Diría que ya, ni nos sorprende. Lo que verdaderamente sorprende es que no le roba a su amo para abrirse una cuenta en Suiza, sino que le roba para granjearse el apoyo de los que le deben a su amo, perdonándoles la deuda que han contraído con la empresa que tan mal ha gestionado y en la que le han abierto un expediente que lo pondrá en la calle de inmediato. Son muchos los acreedores, pero fíjense en la astucia de este hombre…No le deben a él, le deben a su empresario, pero cómo se aprovecha hasta el último momento para sacarle rendimiento a su situación… ¿Cuánto debes a mi amo? ¿Cien? Toma la factura y escribe cincuenta. Y así con todos los que tienen deudas pendientes.
Evidentemente, Jesús, no aplaude la falta de honestidad de este administrador, lo que pone de relieve es el color diferente que adquiere el dinero: El administrador transforma unos bienes materiales, que sólo administra, en instrumentos de amistad; regala pan, trigo y aceite a los que deben algo a su señor. De ordinario cuando uno disfruta de la vida y alguien tiene de todo, suele cerrar su casa a los demás, no ve ni siquiera a los pobres que están a su puerta. Se aísla, levanta muros, pone alarmas, asegura puertas, coloca cámaras…Sin embargo cuando uno entiende la importancia de dar y compartir, el dinero puede convertirse en un recurso que abre a los demás y hace que los demás se abren a uno. “Me acogerán en sus casas”. El patrón lo alaba, no por su corrupción evidentemente, sino por su sagacidad: Aquella situación que vive le hace descubrir que el vil dinero puede ser un recurso para hacer el bien, para crear lazos, para hacer amigos…
A partir de ahora, habrá familias que dormirán tranquilos, porque tendrán 100 barriles de aceite, 20 inesperadas fanegas de trigo y así sucesivamente…El patrón ve las caras de felicidad de estas familias y aquello le compensa y hasta le gratifica…Este patrón del Evangelio, es realmente un patrón que se sale de la lista de patrones conocidos…En realidad, mas que patrón es todo un señor, todo un caballero,diría que es un mirlo blanco. Para él cuenta más la felicidad de las personas. que el aceite o el pan que le deben. Jesús resume la parábola con una frase final: “¡Multipliquen sus amigos con la riquezas que tienen!” Intenten crearse relaciones con la gente compartiendo lo que tienen…Es lo mejor que podemos hacer con nuestros recursos.
“Y ellos les acogerán en el cielo…” Curiosamente, no es Dios el que acoge a los que reparten y hacen circular los bienes, sino aquellos a los que se les perdonó y se les dio…Son ellos los anfitriones del cielo, como si ellos fueran los verdaderos dueños del paraíso….” Los pobres serán nuestros jueces! (Mt 25). ¿Pero cómo es posible que habiendo administrado mal las cosas que Dios ha puesto en mis manos, pueda ser acogido en el cielo? No es fácil responder esta pregunta, pero posiblemente la mirada de Dios no se detiene tanto en mi, cuanto en los que me rodean, en los pobres que he ayudado, en los deudores a los que he perdonado, en los amigos que he cuidado… Dios no está tan interesado en buscar la zizaña que hay en mi, cuanto en buscar el trigo que haya podido sembrar.
Al final de todo, la cuestión determinante en el juicio final sobre mi vida, parece que no será tanto si tengo o no las manos limpias o si he vivido una vida intachable o no, sino más bien si he dejado el mundo un poco mejor de cómo me lo he encontrado…Lo determinante no será cuanta riqueza dejé o acumulé, sino cuánta amistad y cuánta vida generé con los recursos que he administrado, aunque hayan sido pocos…Recuerden que el Evangelio habla de cosas tan al alcance de todos, como dar al otro un vaso de agua.

