(Juan
En el camino que hemos emprendido hacia la Pascua, la liturgia nos ofrece hoy otra página conmovedora. Los escribas y fariseos utilizan a una mujer, “sorprendida en flagrante adulterio”, para ponerle al Maestro una trampa…“Que el Maestro tome partido, contra Dios o contra el hombre”.
Contemplemos la escena y aprendamos de cada gesto: Los fariseos y escribas, – dos grupos religiosos, celosos de la Ley, guardianes de las tradiciones y estudiosos de la Escritura – llevan ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Jesús está en el Templo y loa guardianes del Templo llevan a una mujer al Templo para condenarla a muerte y la ponen en el centro, delante de Jesús… De él, del hombre cómplice del adulterio, no sabemos absolutamente nada…Los que la llevan saben perfectamente el destino que le espera: será lapidada hasta la muerte según lo establecido por la ley…Pero quieren tenderle una trampa a Jesús: Como sucede siempre en una sociedad machista, se condena a la mujer y se disculpa al varón.
El desafío a Jesús es frontal: La Ley de Moisés manda apedrear a las adúlteras…Tú ¿Qué dices?. Ninguno le había hablado hasta el momento de esta mujer; para los fariseos y escribas no tiene ni nombre; de ella sólo interesa su pecado. Su historia, su sufrimiento no interesaban a nadie. Es tratada como una cosa que se trae, se pone aquí o allí según conviene…También puede matársele. Aquellos que la acusan son funcionarios fundamentalistas de un Dios terrible al que hay que reivindicar.
Jesús observa, se inclina y comienza a escribir en la tierra… Se sumerge en la historia de aquella mujer, se pone en su piel, a su altura …Con sus gestos, Jesús nos enseña a callar, a ponernos a los pies, no de un código penal, sino del misterio de la persona..
Sólo poniéndonos en el lugar del otro, metiéndonos en su piel, asumiendo su historia, su rostro, podremos encontrar equilibrio entre la norma y la compasión … No bastan las ideas, no basta identificarnos con la ley, es necesario sumergirnos en la intimidad del otro, en su fragilidad. Y entonces, todo cambia: “Quién no tenga pecados que le tire la primera piedra…” Y todos se desentienden, porque se sienten cómplices, incoherentes, con vidas paralelas que ocultar y desaparecen…Y dejan solos a los dos protagonistas: la mujer humillada, temblorosa y Jesús, que se levanta y situándose a la altura de sus ojos, para estar más cerca de su corazón, le pregunta: Mujer, ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
¿Dónde están aquellos que sólo saben tirar piedras, condenar? ¿Dónde están los que sólo saben aplicar las leyes para sepultar al otro, dónde están los que ante la fragilidad del otro sólo saben lapidarlo, excluirlo, hacerlo desaparecer? ¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno…Y, ya no escribe más en la tierra, escribe en el corazón de aquella mujer; y la palabra que escribe es, sin duda alguna, “futuro”. ¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco…En adelante no peques más…No le invita al arrepentimiento, ni a reconocer su pasado…Hace mucho más , le incorpora al futuro nuevo que le aguarda. Le invita a reincorporarse a la vida.
El perdón de Dios siempre es un acto creativo: abre caminos nuevos, nos orienta por el camino seguro, nos hace dar pasos hacia lo nuevo. El perdón de Dios no es simplemente un borrón sobre el pasado, es ante todo un impulso, un golpe de viento en la vela de nuestra barca. «Anda, y en adelante no peques más!” Siete palabras capaces de recrear la vida. Atrévete: El bien que puedes hacer mañana cuenta más que el mal que hiciste ayer. Qué necesidad tenemos de palabras como éstas…
¡Qué maravilla contemplar con los ojos del corazón este relato! ¡Cuántos de nosotros vivimos, a veces, hipotecados por el pasado, asaltados permanentemente por la culpabilidad de nuestros errores!. Pues bien, Jesús, abre la puerta de nuestra prisión, nos corta la soga con la que nosotros y los demás nos quieren o nos queremos destruir…El sabe que sólo el hombre que se siente perdonado y liberado es capaz de sembrar perdón y paz…Mira al frente, camina…Tu puedes construir un futuro diferente.

