A la luz del Evangelio del IV Domingo de Pascua (A)

 

Actualmente nos sentimos lejos de aquella sociedad rural en la que vivió Jesús; así y todo, las imágenes que nos presenta el evangelio que acabamos de proclamar son elocuentes, brillantes, por excesivas que nos parezcan…Porque ¿Qué pastor es capaz de aprenderse el nombre de cada una de las ciento de ovejas que cuida o qué pastor es capaz de dar la vida por una de sus ovejas? ¿No vive más bien de ellas?

En este texto que hemos proclamado, todo nos puede chocar por exagerado… Pero así es El: Para Jesús cada oveja tiene un nombre, es única, irrepetible y la quiere como es. No le gusta los guetos, los sitios cerrados: no es un pastor amigo de cercas, de muros, de alambradas y, por eso, cada día saca a sus ovejas fuera, llamándolas por su nombre; las saca a los espacios abiertos.

En tiempos de Jesús era frecuente que los pastores llevaran al anochecer, los diversos rebaños que pastoreaban a un aprisco común para pernoctar y preservar así a sus ganados de los depredadores ocasionales. Por la mañana, cada pastor, lanzaba su grito peculiar a la puerta del corral y las diversas manadas que reconocían la voz de su pastor, le seguían. Jesús, evoca esta escena cotidiana, – podríamos afirmar, idílica y magnífica al mismo tiempo – para transmitirnos cómo actúa y cómo es el Dios cristiano. El Dios que nos revela Jesucristo no es amigo de confinamientos, de miedos, sino un pastor de libertad, de espacios inacabados… Seguirle significa arriesgar, descubrir nuevos horizontes en la fe, en el pensamiento, en la pastoral, en la vida. Seguirle significa vivir en “salida permanente”.

El va delante… Es una especie de bulldozer que abre caminos, avanza al frente de sus ovejas y las anima, abriéndoles paso. El no es un pastor de retaguardia, que va detrás, que agita el cayado desde lejos, que tira la honda desde la distancia o recurre al ladrido de los perros para disciplinar el ganado. No. El va al frente y despìerta en los que le siguen ganas de caminar, ganas de identificarse con El…Sus ovejas confían en El, porque saben que él no es un ladrón de destinos, no es ladrón de libertades…Sino un guía que va «a la cabeza», respetuoso con el ritmo de cada cual…. “Cada uno puede entrar o salir del aprisco”. El no conduce a sus seguidores a un sistema cerrado y bloqueado, como, a veces, ha podido pasar con la institución eclesial o con otros espacios eclesiales; espacios, en principio, creados para crecer, para fortalecernos ante los riesgos, para discernir cómo caminar juntos… Pero convertidos, de hecho, en apriscos cerrados, donde no basta obedecer, sino que es necesario ser dóciles…No. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Posiblemente, ésta es una de las frases más esclarecedoras del Evangelio. Una frase capaz de reinventar una vida, capaz de regenerar una existencia: “Estoy aquí para dar vida y no cualquier vida, sino una vida plena, potente”. No solo para dar la vida necesaria, No sólo para darle sentido, aquello sin lo cual la vida no es vida, sino una vida exuberante, una vida que supera cualquier expectativa.

Así es Dios: “Maná», pan, no sólo para un día, sino pan para mantener a todo un pueblo cuarenta años en el desierto; «pan» para alimentar cinco mil hombres hasta sobrar; «piel que se regenera» y vuelve a ser como la de un niño en los diez leprosos;»puerta» para entrar y salir;  «piedra rodada» sobre la tumba de Lázaro;» multitud de hermanos» para quienes han dejado sus casas; «perdón» hasta setenta veces siete;»vaso de perfume» costoso, que se derrama sobre el amigo…Jesús no ha venido a traernos una nueva teoría religiosa, un nuevo sistema de pensamiento o un nuevo código de valores, como se dice ahora; “ha venido a traernos vida y vida en exceso… ha venido a suscitar y generar en nosotros un anhelo grande de vida.” Pensemos en esto… “Ha venido a darnos vida…” 

¿Qué significa esto para tí?  ¿Tú cómo lo vives?

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