Mateo 16, 21-27
Acabamos de escuchar una vez más, un texto del Evangelio que nos desconcierta. Evidentemente, nos cae poco apetecible, aunque empieza con una llamada sin imposiciones, una llamada abierta a la libertad y a la responsabilidad personal… “Si alguno quiere…” Seguir a Jesús no es una imposición, ni una simple cuestión cultural… Es y debe ser una decisión personal, intransferible, consciente … (Como el amor, diría yo) …Pero, ¿para qué? ¿Para engrosar la fila de los adeptos de una de las tantas religiones y asumir sus magníficas ideas? No. Entonces, ¿Para qué?. Simplemente, para ser felices. Para “encontrar” vida.
Jesús, a continuación, señala las condiciones del que quiera seguirle. Son condiciones de vértigo:
Primera condición: “renegar de sí mismo”. Una frase muy peligrosa, si no se entiende bien. Jesús no quiere frustrados entre sus seguidores, sino gente realizada, gente a gusto consigo misma. “Negarse a sí mismo” no significa mortificarse, negar los propios valores, renunciar a la propia capacidad. Significa más bien adquirir la suficiente lucidez para darse cuenta de que ni tú, ni yo, somos el centro del mundo…Significa salir del propio yo, romper los límites que te impiden encontrarte con los otros. Jesús no habla de mortificación, habla de liberación.
Segunda condición: “Toma tu cruz y sígueme”. Una de las frases más célebres y más repetidas del Evangelio, que, casi siempre, hemos interpretado como una invitación, por parte de Cristo, a la resignación…”Soporta con paciencia las dificultades de la vida, aguanta…Pero Jesús no dice “soporta”…dice “toma”. Al que le sigue, a su discípulo, Jesús no le pide soportar pasivamente el sufrimiento y la fatiga. Le pide más bien que “tome”…Que asuma activamente el precio que todo tiene en la vida…También seguirle a El….
¿Qué es la Cruz de Cristo?… La cruz de Cristo es su vida…toda su vida, entendida y asumida de forma unitaria…Tomar la cruz significa asumir la vida de Cristo cómo El la entiende y la vive…Significa modelar tu vida teniendo como referencia, como clave, su vida. La vocación del cristiano no es buscar el martirio a toda costa, sino vivir una vida mesiánica, profética, testimonial. Significa pasar por el mundo como El, como artesanos de paz, de amor, de fraternidad. Y eso asumirlo sin tibiezas, sin medias tintas, sin límites…La cruz en el evangelio simboliza la locura de Dios, su locura de amor hasta lo inverosímil.
El sueño de Jesús no es encabezar con una cruz un cortejo de hombres, mujeres y niños cada uno con su cruz, como un interminable vía crucis. Su sueño es encabezar una inmensa migración de hombres y mujeres hacia una vida más plena…Posiblemente si sustituimos el término Cruz por amor, entenderemos mejor lo que significa tomar la cruz: “Si alguno quiere seguirme, que haga suyo, que asuma con todas las consecuencias, el yugo del amor, de todo el amor que es capaz y me siga”. Evidentemente, sabiendo que también amar supone un precio.
Mientras Jesús habla, intuye en el horizonte lo que pasará en Jerusalén, no deja de pensar en los días supremos que cerrarán su vida en Jerusalén. Jesús lo afronta todo, subrayando que el poder no es el recurso para vencer en la lucha que se acerca, su poder no reside en los recursos materiales, en las armas, en la violencia, sino en el servicio, en la entrega sin límites… Contra la supremacía de la ternura, el poder de este mundo, se estrellará: al tercer día resucitaré.
Y en el centro del relato una frase revolucionaria: “el que pierda una vida así, la encontrará”. El acento no lo pone Jesús, en el verbo perder, sino en el verbo “encontrar”… La razón última de toda vida, el éxito final de toda existencia, es “encontrar” vida…”Perder para encontrar”. Es la dinámica del amor, es la dinámica del Evangelio, es la opción de Jesús y la de sus seguidores: si das te enriqueces. Si te encierras y cortas todos los puentes que te acercan a los demás, te empobreces, te inutilizas. Al final, sólo seremos ricos, sólo sentiremos que nos hemos realizado, si entendemos la vida como un regalo…La vida como don recibido, cuidado y entregado… Por tanto, hemos de vivirla en serio, apostar por ella…porque, si la vida es un don, la hemos de convertir en un don para los otros. Vivir es eso…Perder para encontrar…Dar para tener, porque sólo poseeremos lo que damos.

