A la luz del Evangelio del Domingo VI del T.Ordinario (A)

(Mat 5, 17 – 37)

El largo texto que nos ofrece la liturgia en este sexto domingo, nos produce vértigo…Aparentemente se nos presenta uno de los textos más radicales del evangelio y posiblemente, en más de uno de nosotros, surge inevitable la pregunta: ¿Quién puede vivir una vida así…? ¿Cómo puede ser esto? Y nos invade el desconcierto.“Han oído que se dijo, pero yo les digo…”Ahí está, rotunda y clara, la propuesta de Jesús: “A ti te han dicho, pero Yo te digo…” ¿En qué consiste esa novedad rompedora del Evangelio? ¿De qué se trata?

Jesús no habla para destruir lo que otros han edificado, para exigir, para cargar fardos inútiles y pesados sobre la gente…Habla para recuperar, para llevar a plenitud la vida, habla para curar el corazón. Tratemos, pues, de encontrar respuesta a estas preguntas nada retóricas e intentemos intuir, al menos un poco, en qué consiste el sueño de Dios sobre nosotros.
Tres palabras decisivas son el piñón en torno al cual gira todo el texto que hemos escuchado: La VIOLENCIA, EL DESEO y LA SINCERIDAD. En estos tres términos incide Jesús, no para rehacer un código de leyes que ha quedado anticuado y hay que poner al día, sino para rehacer en profundidad el corazón del hombre.

La primera palabra se mueve en el ámbito de la VIOLENCIA. Jesús la formula así: “Se dijo, NO MATARÁS, pero yo les digo, que cualquiera que se enoje con su hermano, que alimente el rencor contra su hermano, es un asesino”. Nos parece desproporcionado, duro. Pero Jesús no se queda en lo externo, va al fondo de las cosas, al núcleo del laboratorio donde se gestan las acciones. El asesinato externo de alguien supone, previamente, su eliminación interna. El apóstol San Juan en una de sus cartas, lo dice así: “Quien no ama a su hermano es un asesino” (Jn 1,3,15). “La desafección hacia el otro”, no es sólo una muerte lenta, es también un foco y una incubadora de violencia y de muerte. Muerte a la que se llega, según el Evangelio, a través de un proceso marcado por estos pasos: la ira, el insulto y el desprecio. También estas actitudes provocan muerte, asesinan y matan de alguna u otra forma.

Para subrayar y darle expresividad a estas palabras, Jesús recurre a una imagen de su tiempo, La Gehenna: “Quien descalifique y ofenda al otro llamándole “loco” ”imbécil” será destinado al fuego de la Gehenna.” La Gehenna no se refiere al Infierno, sino a aquel lugar, fuera de las murallas de Jerusalén, se quemaba la basura de la ciudad, ardía y se consumía lo que no servía para nada o podía ser tóxico, insalubre, para la colectividad. Jesús viene a decir con esta imagen: Vivir en la dinámica de odio y del rencor inutiliza la propia vida. Cuando vives alimentando el resentimiento conviertes en basura tu propia vida, quemas tu vida sin sentido. Tu vida se convierte sólo en humo, y te autodestruyes.

La segunda palabra o sentimiento, que el evangelio subraya es el DESEO: “Has oído: no cometerás adulterio. Pero yo te digo: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero”. No dice simplemente “si miras a una mujer”, sino si la miras, con actitud depredadora, para poseerla, para utilizarla, para convertirla en un objeto de tu propiedad…. Cometes adulterio contra la grandeza de esa persona.. (El término “adulterio viene del verbo “a (du) lterare” que significa cambiar, desfigurar, alterar o falsificar al otro). Cuando actúas así, trastocas el sueño de Dios, le robas al otro su dignidad. El adulterio no es tanto un crimen contra la moral, vista en abstracto, sino más bien un crimen contra la persona, una desfiguración del otro o de la otra, la reduces a puro objeto de deseo..

Y, por último, la SINCERIDAD. Jesús nos invita a vivir en la coherencia y en la sinceridad. “No jures en absoluto. Que te baste decir “sí” o “no”. Que la trasparencia de tu vida sea la que hable. Porque, cuando esto acontece, no se requiere el juramento. Cuando cuidamos nuestro corazón, inmediatamente surgirá la necesidad de cuidar la vida que nos rodea. Si sanamos el corazón, también sanaremos la vida.

Hermosa lección la que Jesús nos propone en el Evangelio que acabamos de escuchar, una lección que hasta puede parecernos ingenua, pero clave si queremos una forma de vivir más humana: El cambio, un futuro diferente, una paz estable y justa, sólo puede nacer de un corazón en paz, de un corazón sano, “limpio”.
Cuidemos el corazón. Es lo primero, fundamental en cualquier cambio… Un cambio personal, social, eclesial, para que dure y sea efectivo, exige siempre sanar también el corazón…

“Dichoso el que guardando tus preceptos, te busca de todo el corazón.” (Sal 118)

Imágenes Relacionadas:

Escrito por

es_ESSpanish