A la luz del Evangelio del domingo IV del T.Ordinario (A)

Mateo 5, 1-12a

Ante el evangelio de hoy no cabría más que el silencio. Las palabras corren el riesgo de estropearlo. Conocemos de memoria este evangelio, sin embargo, cada vez que lo proclamamos es capaz de conmovernos. Gandhi decía que estas eran las palabras más grandiosas del pensamiento humano. Son palabras que nos desarman, nos desconciertan, pero también encienden en nosotros el sueño de un mundo diferente, un mundo hecho de bondad, sinceridad, justicia, sin violencia ni mentiras, una forma distinta de ser hombres y mujeres. Son palabras que nos parecen difíciles y, sin embargo, despiertan en nosotros añoranza, ganas de un mundo así. No son nuevos mandamientos, ni normas nuevas. Son propuestas, formulaciones, buenas noticias de cómo Dios regala felicidad a los que generan felicidad para los demás.

Es el primer discurso de Jesús, según el evangelio de San Mateo y lo pronuncia al aire libre, en la colina, teniendo como fondo el mar de Galilea. El tema seleccionado por Jesús en este discurso inaugural de su vida apostólica llama la atención: “la felicidad”…. Hasta nueve veces, de forma reiterativa, Jesús pone en fila a los pobres, a los mansos, a los hombres y mujeres pacíficos, a los artesanos de paz, a los que trabajan por el bien común, a los que lloran…Y les llama bienaventurados, “felices”.

La felicidad es, en realidad, lo que todos buscamos… Si pudiéramos exprimir el corazón de un asiático o el de un europeo, el corazón de un creyente o el de un ateo para que nos respondiera a la pregunta “¿Qué buscas en la vida?”, tanto de un corazón como del otro, saldría la misma respuesta: “¡Busco ser feliz!”. Y es que vivir es buscar la felicidad… Y todos, cada uno a su manera, la buscamos…Somos mendigos de felicidad.

El joven rabí parece conocer este secreto universal y responde con su propuesta: “Dios  coincide con nuestra más íntima búsqueda, cuida de lo que verdaderamente nos importa, “ser felices”: “Las Bienaventuranzas” nos ofrecen un camino para lograrlo».

Como de costumbre, esta respuesta es innovadora, inédita…Va contracorriente, pero está llena de esperanza. “Felices” los pobres, “felices” los que se obstinan por hacer justicia, “felices” los que construyen la paz, los que tienen una mirada acogedora y un trato dulce, “felices” los no violentos, “felices” los que se dejan tocar por el dolor ajeno, los que luchan con coraje ante las dificultades, aunque se sientan frágiles, aunque se sientan “poca cosa”. Ellos son una fuerza indestructible. Son juzgados como perdedores, pero son hombres y mujeres libres, capaces de modelar un futuro más humano.

Las Bienaventuranzas son el mayor acto de esperanza de un cristiano. El mundo no será, ni hoy ni mañana, del que lo somete más, del que es más rico o poderoso, sino del que lo hace mejor, del que lo hace avanzar, del que lo hace más humano.

¿Realmente estamos convencidos de esto? ¿Creemos de verdad, que estas bienaventuranzas tienen futuro? ¿En medio de una sociedad en la que el poder se adueña del mundo, en un contexto nacional de violencia verbal permanente, de enfrentamiento y de crispación…qué significa esta declaración de principios que vertebra el Evangelio?

Las palabras de Jesús son provocadoras…No son palabras de enajenación. Son palabras que nos invitan a hacer ruido, a generar respuesta…Es como decir: “En pie, todos los que lloran…Todos los que no tienen hipotecado su corazón…En pie, todos los que tejen redes de encuentro y de acogida… No tengan miedo, pónganse en camino. Dios va con ustedes, seca las lágrimas, serena los corazones, abre senderos, nutre la vida.

El camino es largo, progresivo, contra- cultural, pero merece la pena. Es cuestión de ponernos en marcha, de dar pasos hacia este añorado horizonte, que Jesús resume con estas nueve propuestas de felicidad, las Bienaventuranzas… Son la clave, el corazón del Evangelio…

Es cuestión de soñar, de dar pasos, de intentarlo, aunque sea con pequeños movimientos, aunque sólo sea en los pocos metros cuadrados en los que nos movemos……¡ Dios ama y reconoce sólo a aquellos que se ponen en camino…Se ocupa de que seamos felices cuando nosotros nos ocupamos de la felicidad de los otros!

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