A la luz del Evangelio del domingo XI del T. Ordinario (A)

Mateo 9, 36-10, 8

El Evangelio que hemos escuchado, marca para San Mateo y, por supuesto, para aquellos que nos decimos discípulos de Jesús, una clave fundamental que responde a una pregunta imprescindible en nuestro seguimiento: ¿Cuál es nuestra misión como cristianos? Qué nos toca hacer como Iglesia?
Mateo en un primer momento de su relato, nos ha presentado el gran discurso del monte, la gran propuesta de su anuncio que nosotros conocemos como sermón de la montaña…A continuación describe lo que Jesús se encuentra cuando baja del monte: el dolor. la exclusión, la fatiga y la fragilidad de la gente: Son dos capítulos repletos de curaciones, de acogidas y de respuestas sanadoras, que incorporan a los excluidos, a los heridos, a la fiesta de la vida.

Lo hace, porque cada herida que detecta en el otro, la siente como suya, la padece en su propia piel. El evangelio todo esto lo resume en dos palabra: “siente compasión” y actúa de forma extravagante, a fondo perdido: sin interés económico alguno, sin más cálculo que la liberación y la recuperación de la dignidad del otro…Todo es pura gratuidad, porque dice que cuanto hace lo ha recibido del Padre y en su forma de proceder actúa identificado con Dios, a quien llama Padre…Un Padre que no conoce las matemáticas de costes y beneficios y que se define por ser excesivo en todo, por ser puro don, por ser aquel agricultor, que entre zarzas, piedras y tierra buena, sembró a espuertas buenas semillas.

Jesús, mira al mundo, lo ve y lo identifica con sus posibilidades y sus fracasos, con sus cicatrices y sus tormentos… Y concluye que este mundo sigue siendo algo bueno…Como al principio…Ve que la cosecha es rica y abundante, a pesar de todo…Ve que, a pesar de todo, este mundo posee capacidad suficiente para que todavía hoy alguien siga creyendo en él, siga confiando en la bondad de ese ser cansado y agobiado que somos todos y cada uno.

Jesús nos ve y se moja…Se compadece de nosotros y nos confía a la cultura del amor, a la dinámica del cuidado, de la sanación de la vida, Pero no sólo eso…Pone en nuestras manos todo su poder, todo su empeño y nos encarga su propia tarea_ “Anunciar, sanar, resucitar, cuidar la vida…

Palabras y tarea inconmensurables las que Cristo nos encomienda, exageradas claramente para aquel pequeño grupo de los 12, rudo e inseguros…También para aquella diminuta e insegura iglesia de los orígenes, que apenas podía seguir su ritmo y comprenderlo…Y desmesuradas e impactantes también para nosotros, que nos sentimos dispersos, perdidos, frágiles… Pero, no importa.

El, como el Padre, tampoco conoce las matemáticas de las mediciones, de las proporciones, del cálculo y nos dice sin más rodeo: Pònganse “en camino”…”Vayan” … “En camino…” Parece una de esas consignas de un iluminado cualquiera que arrastra a lo imposible a sus secuaces…”En camino”…Parecen palabras cargadas de ligereza, una consigna para ingenuos…Pero no…Jesús sabe perfectamente lo que y a partir de entonces, sus palabras se convierte en una de las mayores movilizaciones de la historia…

En el camino, cuando consumes cada día tus rutinas y vas y vienes a tus responsabilidades, sin solemnidades ni pretensiones, con la ropa del trabajo y la mochila a la espalda…Tu puedes hacer cosas grandes, cosas aparentemente imposibles; Puedes sanar la vida, puedes experimentar la belleza del don, puedes resucitar, sanar, liberar…Puedes hacer que los que caminan contigo sean cada día un poco menos tristes, estén cada día menos perdidos…Y todo gratis, sin segundas intenciones, sin cálculos…Porque cuanto damos, ofrecemos, no nos pertenece…Lo hemos recibido gratis y llenos de ese don que no es otro que ese Dios que nos ama tan en exceso, lo mostramos gratuitamente a los demás, porque ese Todo que me habita, no puedo guardarlo para mi sólo.

Ese Todo, que no puedo “demostrar”, pero que sí puedo «mostrar» ,mientras camino a tu lado, en la ternura de mis manos, en la profesionalidad con la que te acojo en mi tarea, en la tranquila y serena mirada de mis ojos o con mi corazón desbordado por la experiencia de sentirme amado. Manifestar esto, es ya Anuncio y sanar la vida mientras vamos de camino, es ya Evangelización, es misión….

Jesús busca recolectores, voluntarios para la cosecha…Nos llama a recoger la cosecha…Por tanto, nuestra tarea es preferentemente ésa: Mientras caminamos. ver, despertar, leer en profundidad la vida, cuidarla; alentar y recoger para que no se pierda lo que ya está sembrado, es constatar lo que ya fermenta en el corazón de los que van con nosotros y hacerlo circular…

No lo olvidemos, el Maestro nos llama a cosechar lo bueno que brota por todas partes. El principal esfuerzo ya lo ha hecho Dios, ese generoso y extravagante agricultor que, descuidando los cálculos, gastos e intereses, ha sembrado a espuertas la buena semilla…

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