¡Este es mi hijo amado, escúchenlo!

“Escuchar” es lo que define al discípulo. Su ambición no es ser original, sino ser fiel a la verdad, en actitud de “escucha” permanente. La “escucha” está hecha de obediencia, de conversión y de esperanza. Requiere no sólo inteligencia para comprender, sino también coraje para decidir: lo que escuchas es una palabra que te interpela y rompe tus seguridades.

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