Navidad: No había sitio para ellos

 

Ya es Navidad. Entre luces y villancicos nos encaminamos inexorablemente a la gruta de Belén. Nunca una publicidad gastona y hueca nos llevó tan adentro. Cargados con el ipc inter.anual, el déficit, la crisis, la inflación, la carestía de la cesta de la compra o el paro, damos tumbos y avanzamos como una pelota de goma que es succionada por un sumidero negro e inmenso. Belén ya no es turrón, ni mazapán…Es lo que fué: Una familia excluida socialmente; una familia que a partir de las próximas elecciones volverá a sentir la realidad pura y dura…Una familia que, a partir de finales de mayo, no sabrá dónde cobijarse del solagero. 

A María y Pepe, no les llegan las grandes palabras que enredan los informativos. Ellos sólo saben que no levantan cabeza. Siete hijos. No pueden mantenerlos y para más agobio, él está en la cárcel. Han tenido que distribuirlos entre la familia. Dos con los padres de ella, otros dos con los de él y ella, diminuta y con cara de no estar bien alimentada, tres. Entre el primero y último sólo ocho años de diferencia.

Mientras, los grandes bancos siguen dando su tabarra. Los acreedores siguen exigiendo su parte de la tajada y los grandes banqueros, los políticos y los especuladores dimiten de sus responsabilidades y se retiran al estanque dorado de sus pingues sueldos, a golpe de talonarios o de secretos bancarios.

La espiral de los problemas ha desatado el pánico, pero los pobres, pobres, apenas si se enteran. Lo llevan puesto las 24 horas del día. Se habla de ayudas económicas europeas, de rescate financiero, de fiestas para empresarios de lujo, fiestas qataríes….Pero esto sólo traerá más costes dolorosos, más costes sociales. Y la angustia sigue implacable como implacable sigue el deterioro de los más frágiles. Y las salidas para Pepe y María, aunque ellos no sean conscientes de ello, ni les alcanzará. Sus hijos, si sobreviven, irán creciendo y la familia – ¿qué familia? – terminará alimentando el magma de los que no sabrán nunca si nacieron demasiado pronto o demasiado tarde, pues nunca encontraron sitio.

La Navidad no es un belén idílico. Es la noche a la intemperie de un Dios que calla y que nos cita ante un niño “envuelto en pañales y recostado en un pesebre, porque tampoco encontró sitio”.

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