Domingo de la Palabra de Dios

Por medio de una carta apostólica en forma de motu proprio, titulada Aperuit illis, el papa Francisco instituyó el “Domingo de la Palabra de Dios” que se celebra cada tercer domingo del Tiempo Ordinario, «para hacer crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”.

Por supuesto, no se trata de reducir nuestro encuentro con la Palabra de Dios a ‘una vez durante todo el año», sino de subrayar de forma excepcional «lo que necesitamos urgentemente:Familiarizarnos e intimar con la Sagrada Escritura y el Resucitado”, indica el documento.

La lectura primera de este domingo tercero (Nehemías 8,2-4ª.5-6,8-10), nos pone ante la celebración de la Palabra en el Antiguo Testamento y nos cuestiona sobre nuestras celebraciones,sobre nuestra valoración de la Palabra. Incluso ajena a toda pomposidad y ritualidad, la Palabra, cuando es proclamada, requiere un contexto sagrado, respetuoso y solemne.

Pero, evidentemente, no basta la lectura. Su eficacia requiere también interpretación y explicación para poder entenderla. Para ello es de capital importancia utilizar un lenguaje sencillo y comprensible a todos los que la escuchan. Un esmero especial, efectivo, de la homilía.

La lectura de Esdras y de los levitas obtiene óptimos resultados. El pueblo realiza un serio examen, reconoce no haber sido fiel a la Ley de Dios y manifiesta con lágrimas su arrepentimiento.

Por último, el pueblo recuerda que el día del encuentro con la Palabra es un día de fiesta. La certeza de que Dios continúa hablando, acompañando y guiando a su pueblo es fuente de gran alegría y ésta se manifiesta también externamente con cantos, bailes, comidas y bebidas más abundantes que de ordinario.

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