El 1 de Mayo está hecho de reivindicaciones y de luchas. También de logros. Pero estos Mayos de ahora son diferentes. Por estas latitudes, las luchas de clase han dado paso a otros frentes y la emergencia de la clase media ha adormecido el clima social. Hoy la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer, también la lucha laboral, la búsqueda de un trabajo digno y estable para todos, la aspiración a una vivienda digna, se hace imprescindible en estos tiempos de crecimiento, no para todos.
Pero junto a estas asignaturas pendientes, no olvidemos aquellos temas troncales que sacuden nuestra sociedad desde hace años: la baja natalidad, el peso de las clases pasivas, el retraso de la jubilación o el enfrentamiento político, entre otros, crean un fondo de inseguridad y afectan al futuro y a la dimensión humana de la sociedad.
Primero de Mayo, fiesta del trabajo…Del que no se encuentra, del que se desarrolla bajo mínimos y del que engorda ante la debilidad del momento. Buscamos un mundo más justo y una nivelación social más real, pero no perdamos de vista, que todo está interconectado y los aleteos de una mariposa en Pekin puede desatar una tormenta en el otro lado del mundo.
Pedimos a la clase política que se centre en lo importante, que respondan a las preguntas que se les hace y no traten de mentir o de envolver la realidad en palabras que no cambian nada. El trabajo es fundamental para la realización personal y para crecer como sociedad. No sólo a nivel de recursos económicos, sino también como colectivo que sabe gestionar las oportunidades y custodiar los derechos de todos, también aquellos derechos fundamentales que afectan a la vida, a la educación, a la libertad religiosa, a la familia o a la libre circulación.
Por un trabajo para todos, estable, humano y digno… ¿Por qué no? Oremos al Señor, hijo de José, San José el carpintero y él también, además del título de Señor, profesional carpintero.

