Pentecostés:Evangelio del domingo (C)

Celebramos la fiesta del Espíritu Santo: Cincuenta días después del domingo de Resurrección, El Espíritu de Dios desciende sobre los apóstoles el día de Pentecostés, fiesta tradicional judía, en la que la que éstos, subían a Jerusalén a dar gracias a Dios por la Ley Santa y por las cosechas del año. En ese día, como la mejor cosecha de lo que vivió y sembró Jesús en el corazón de los hombres, Lucas nos ofrece, en una escena grandiosa, propia de toda Teofanía, la venida del Espíritu, enviado por el Padre. Un Espíritu que no es sólo una luz o una fuerza interior, sino una persona que actúa en nosotros y trabaja en la historia de cada día, a pesar de que lo ignoremos con harta frecuencia.

El Espíritu es el gran regalo de Jesús resucitado. Lo acabamos de escuchar en el Evangelio: “Yo le pediré al Padre – dice Jesús – que les dé otro defensor, que esté siempre con ustedes…El Espíritu que el Padre les enviará en mi nombre, os lo enseñara todo y os irá recordando cuanto yo les he dicho.”

Este es el Espíritu que hoy se nos presenta en la imagen de un viento huracanado que abre puertas y ventanas y en unas lenguas de fuego que penetra en el interior de los hombres. Un fuego que se convierte en energía, en osadía (parresía), para aquella incipiente iglesia que sale a la intemperie a proclamar sin complejos lo que hasta el momento era para ellos una realidad incapaz de movilizarlos, incapaz de fascinarlos.

El Espíritu es polen que hace germinar la primavera donde quiere y es novedad que cae sobre la vieja Jerusalén y recrea su alma como nunca.

Pentecostés en una fiesta revolucionaria cuyo alcance completo aún no lo hemos desentrañado del todo, “El os lo enseñará todo”. Al Espíritu le gusta enseñar, acompañar, inventar caminos, descubrir paisajes inéditos, romper agendas y estrenar paisajes inexplorados. El Espíritu es innovador, creador y quiere discípulos creadores, arriesgados, rompedores.

El papa Francisco afirma en la Evangelii Gaudium (139):” “El pueblo de Dios, por la acción constante del Espíritu, se evangeliza a sí mismo continuamente” El Espíritu vendrá y te traerá a la memoria y al corazón palabras pronunciadas por Jesús cuando pasó sanando la vida y que todavía no han sido descodificadas del todo; pero no sólo eso, no sólo te recordará lo pasado, sino que te conducirá a la verdad plena, es decir: te abrirá nuevos horizontes, te abrirá espacios a descubrir, te enseñará palabras nunca pronunciadas hasta ahora, haciendo de cada hombre o mujer un profeta, un evangelista del quinto evangelio, evangelistas de ese quinto evangelio del que cada uno de nosotros podemos ser una palabra o una sílaba.

En este día, como iglesia, como bautizados, queremos pedirle al Padre, como en una gran Epíclesis, como los apóstoles y María en otros tiempos, que envié también hoy sobre la iglesia, el mundo y cada uno de nosotros su Espíritu.

Envía, Señor, tu Espíritu:

– Sobre este mundo fragmentado por las guerras y las ideologías, la economía y el consumo, el individualismo y la insolidaridad. Ven Espíritu Santo y despierta en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más humano y acogedor. Haznos más coherentes, más responsables, más tiernos.

– Envía, Señor. Tu Espíritu liberador, capaz de romper muros y atravesar rutas minadas. Ven y sácanos de este sistema en el que estamos atrapados y donde las distancias entre los que poseen hasta el derroche y los que no tienen nada se ensanchan cada vez más. Ven y no nos dejes en manos de los que nos explotan, nos engañan y utilizan. Haznos más conscientes y fuertes. Ven y enséñanos a ponernos siempre de parte de los últimos…Ven y sana nuestro corazón enfermo. Ven, te necesitamos.

– Ven, Espíritu de consuelo… Ven…Muchos de tus hijos no conocen el amor, ni la compasión, ni el perdón…Vivimos en una sociedad que prima la apariencia y el mercado; desprecia o no cultiva lo verdaderamente humano, el cariño, el respeto, la ternura…Lo que verdaderamente buscamos. Ayúdanos a trabajar por una verdadera pastoral del afecto y de la cercanía…Empújanos hacia los que están más solos. Cúranos de la indiferencia.

– Ven, Espíritu de la bondad de Dios, ven y ayúdanos a descubrir al Dios bueno. Muchos se alejan de Dios porque le tienen miedo…Muchos jóvenes y niños ya no saben hablar contigo, porque en las familias se va borrando tu nombre y tu ausencia se hace silencio…Ven, no nos dejes huérfanos.

– Ven, Espíritu dador de vida. Contágianos tu amor a la vida…Esa vida que Tu nos concedes como un regalo. Tus hijos e hijas no acertamos a cuidarla, incluso la destruimos cuando amanece o cuando no nos resulta rentable…Ayúdanos a progresar sin destruir, a crecer sin acumular, a avanzar sin deshumanizarnos…Ven y ayúdanos a buscarle un sentido a la historia, un significado a la existencia, porque con frecuencia nos perdemos, no sabemos a dónde nos dirigimos…

Ven, Espíritu Santo…Espíritu creador, liberador, renovador, Espíritu de consuelo, Espíritu de bondad, de vida…

¡Ven, Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra!

Escrito por