Pascua:Evangelio

 

(Lc 21,1.12)

¡Cristo ha resucitado!…Y, en esta noche, todo lo que nos rodea, vemos, oímos, olemos: las flores, la luz, la música, los cantos, la asamblea, la alegría que nos inunda, todo, nos habla de vida…Nos habla del Resucitado.

Quienes condenaron a Jesús no tenían la razón y por eso, Dios, su Padre que estaba de su parte, lo rescató de la muerte. Lo condenaron porque se hizo hijo de Dios; le entregaron a las autoridades romanas para que lo crucificaran, porque llamaba a Dios Padre suyo y porque puso el corazón de la religión no en la ritualidad de la vida sino en la vida misma, en el perdón, en la integración del descartado, en la supremacía del hombre sobre la ley, en la misericordia …

Por esto lo condenaron: una vida como la de Jesús era una interpelación que agitaba las conciencias y su estilo de religión no cabía en la mentalidad de unos hombres que entendían a Dios como una proyección de sí mismos, por eso lo quisieron hacer desaparecer del mapa…Pero Dios vela por la suerte de su Hijo, por la suerte de los inocentes, lo levantó sobre todo, dándole un nombre sobre todo nombre…

Y aquí estamos nosotros en esta noche dando testimonio de ello, apostando por un futuro verdaderamente sorprendente: el mañana no será jamás de los prepotentes, de los verdugos, de los que dominan las conciencias, de los poderosos; el mañana pertenece a los insatisfechos con el presente, a los hambrientos de justicia, de libertad, a los que entienden su vida como una entrega, como un servicio…

Gracias a Dios, todavía hoy podemos ver cómo la razón y la justicia es capaz de fortalecer y darle a la vida un plus de valor:…Qué bien lo expresó María, la Virgen, en estas palabras, nada políticamente correctas, como decimos hoy: “Dejó con las manos vacías a los poderosos y a los pequeños y a los pobres los colmó de bienes”.

Pascua es esto: creer en que la vida es más fuerte que la muerte. ¿Se imaginan lo que esto significa? ¿Creemos de verdad esto? Pascua es vivir siempre abiertos a la novedad de un futuro mejor.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” Dirán los ángeles a las mujeres en la mañana del primer domingo de la historia. Ellas, las mujeres, siempre prácticas, estaban preocupadas por cómo podrían mover la gran piedra del sepulcro y así concluir el embalsamamiento del cadáver de Cristo.

Los sepulcros sellados por losas, las piedras que bloquean la luz… ¡Cuantas piedras que taponan nuestra existencia y nos reducen a vivir a medio gas, encerrados en vida en nuestras sepulturas….! Salir a la vida, salir a respirar a pulmón lleno, salir a gozar de la amistad, del afecto que podemos dar y recibir…

Las losas que pesan sobre nosotros son nuestras inseguridades, nuestros complejos, nuestras depresiones, nuestros miedos, el mundo tan reducido en el que nos movemos, nuestras chismorrerías… Esas losas sepulcrales que pesan sobre nosotros no nos permiten volar.

“¡No está aquí… ha resucitado!” Sólo cuando lo demos todo, lo entreguemos todo, seremos levantados, seremos resucitados: “Cuando sea levantado en alto todo lo atraeré hacia mí”. Es la dinámica de la pascua, la ley de la resurrección: darlo todo, para tenerlo todo; Perderlo todo, para ganarlo todo.

Esto no es ciencia ficción y más de una vez lo hemos visto y experimentado en nuestra propia vida: Habíamos perdido la confianza en nosotros mismos, no sabíamos bien qué queríamos o quién éramos y nos bastó una mirada de afecto, la presencia de alguien a nuestro lado que nos amaba más de lo que nosotros nos amábamos a nosotros mismos en aquel momento, y eso bastó para que nos volviera la ilusión, para que recuperáramos las ganas de vivir.

Dentro de unos momentos evocaremos nuestro Bautismo y renovaremos nuestras promesas bautismales: Nuestra inserción en Cristo y en la Iglesia, nuestro estilo como cristianos que, no es otro, que “dar para tener”.  ¡Ojalá en esta sociedad en la que vivimos, donde nadie da nada por nada, seamos una referencia y una razón para seguir esperando!.

Queridos amigos y amigas que trabajan en la comunidad gratuitamente y se entregan con ilusión a los otros, no dejen de valorar esto: lo que hacen, a veces tan poco reconocido, a veces con grandes dificultades como a lo ha sido a lo largo de la pandemia, a contra corriente muchas veces de todo, resistamos, porque servir tiene futuro.

Gracias por su trabajo, por su fidelidad, por su aguante, por su permanencia…Yo les puedo decir, desde mi propia experiencia, que todo su trabajo dentro de la comunidad merece la pena, a mí me motiva y como a mí a otros muchos.

Que Dios nos resucite a todos en esta noche, que nos recree, que nos mantenga en ese primer movimiento de querer volver a nuestra primera caridad y nos haga sentir de verdad que todo lo que lleva el sello del amor, la marca de lo gratuito, la envoltura del afecto y de la ternura, tiene futuro, no muere: La resurrección de Cristo es nuestra mejor garantía!

¡Feliz Pascua!

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