Corpus Christi. Evangelio (Ciclo C)

Celebramos ya , en esta Eucaristía, el Corpus Christi, celebramos la fiesta de la vida: de la vida entregada, del cuerpo y de la sangre, entregado y derramada por nosotros. Participar del Cuerpo y de la Sangre de Cristo no tiene otra finalidad. Decía San León Magno – y así lo recoge la liturgia en sus formularios – que “cuando comulgamos en la Misa nos transformamos en aquello que recibimos”. Dios se hace presente en nosotros: Mi corazón lo absorbe y Él absorbe mi corazón…Nos convertimos en una sola cosa…El hombre, decía alguien, es la única criatura que lleva a Dios en su sangre. Llevamos en nosotros, lo decíamos el pasado domingo, un cromosoma divino.

Jesús hablaba a la gente del Reino de Dios y curaba a cuantos necesitaban sanación. Hablaba del Reino y anunciaba que el Reino de Dios estaba cerca y lo hacía con amor. Pasaba e iba curando la vida.

El evangelio está repleto de milagros. Jesús toca la carne de los pobres y la carne se cura; toca los ojos del ciego y aquellos ojos muertos se llenan de luz; manda levantarse al paralítico y este se alza y baila por los caminos de Galilea con su camilla al hombro…Todo eso, todos esos milagros, se convierten en signos, en una especie de laboratorio, de adelanto, de ese Reino que predica…Esos milagros que realiza Jesús y la alegría que producen, esa sanación que se produce a su paso, es la escenificación de ese mundo nuevo que Jesús anuncia, liberado, sanado.

Y aquellos hombres y mujeres que le siguen se sienten seducidos por ese sueño de un mundo nuevo, que ven cómo se hace realidad…Y hasta se olvidan de comer…Por eso, los apóstoles se ven en la necesidad de intervenir: “Despídelos, dentro de poco caerá la noche y estamos lejos, estamos en un descampado sin posibilidad alguna para acoger a esta gente”. Se preocupan de la gente, pero adoptan la solución más mezquina: “Despídelos”. Pero Jesús no ha rechazado jamás a nadie, nunca ha despedido a nadie. Y da un primer paso hacia el milagro de los panes que más que “multiplicación” habría que llamar “división”. Jesús improvisa una solución al problema que pasa por el compartir, por la implicación personal en la solución de las dificultades: “Denles ustedes de comer”, les dice. Un verbo simple, práctico: DAR.

En el evangelio el verbo AMAR se traduce siempre por otro verbo concreto, activo, de manos: DAR. “Dios ha amado tanto al mundo que le dio a su Hijo…No hay amor más grande que dar la vida por los amigos…”

Los apóstoles, sin embargo no están en condiciones de solucionar el problema: No tienen cinco panes y dos peces…Un pan para cada mil personas…Es ridículo, no soluciona nada. Pero la sorpresa estalla en aquella tarde: un poco de pan, compartido, que pasa de mano en mano, resulta suficiente, porque sólo se podrá poner fin al hambre, no cuando cada uno se coma su propio pan, sino cuando dividamos, compartamos lo que cada uno tiene: dos peces, un vaso de agua, aceite y vino sobre las heridas del otro, un poco de tiempo…En definitiva, cuando compartamos un poco de corazón. “La vida se multiplica cuando se da.”

Todos comieron hasta saciarse. Ese “todos” es importante. En aquel descampado había niños, mujeres y hombres. Santos y pecadores, hombres honestos y hombres de doble vida, hombres escrupulosamente religiosos y muchos otros que quizás vivían al margen… Y “todos” comieron hasta saciarse…Nadie es excluido…

Este es el horizonte que Dios quiere para su Iglesia: Una Iglesia capaz de enseñar, curar, dar, saciar, acoger sin excluir a nadie, capaz, como los apóstoles, de aceptar el desafío de compartir, de poner en común lo que tiene, de poner en juego cuanto posee y hacerlo circular. El día que seamos capaces de compartir, de dividir lo que tenemos, aunque sea poco, comprenderemos que el milagro ya se ha realizado y consiste en una prodigiosa multiplicación…No del pan, sino del corazón.

 

Hoy Caritas, a través de su Campaña Institucional, cuyo lema, este año, nos recuerda algo nuclear en el Evangelio: “Somos los que damos. Somos amor”, nos invita a vivir de forma concreta este evangelio, a hacer nuestro un estilo de solidaridad sostenible y a trabajar por la defensa activa de los derechos de todos, poniendo en circulación lo que tenemos, aunque sea poco.

La colecta que vamos a realizar es una forma concreta de expresar con nuestras manos que AMAR es DAR…Con ello estamos apoyando esta Institución de la Iglesia, Caritas, que, en definitiva, es un modo concreto de darle cauce y efectividad, a las palabras… “Somos lo que damos”.

Si al comulgar con Cristo en la Eucaristía recibimos una enormidad, lo coherente es hacer lo mismo…También nosotros hemos de vivir dando…Si recibimos una enormidad demos también una enormidad…Aunque sea poco aquello de lo que disponemos. En realidad no se trata solo de compartir nuestro monedero, se trata, sobre todo, de compartir el corazón.

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