El silencio tan escaso en nuestra sociedad es un elemento fundamental para pensar, interiorizar y asimilar la vida. Sin silencio no hay música. A veces el silencio es ausencia de ruido, de palabras, pero siempre es escucha.
Somos hijos de una tradición en la que el silencio forma parte de la vida. como el aire o la respiración. «Hay un tiempo para hablar y un timpo para callar» afirmaba el sabio Cohelet y toda una tradición monacal y mística nos ha hablado y recordado, desde el silencio, lo importante que es experimentarlo, alimentarlo, buscarlo.

En esta sociedad en la que si no «digitamos» no existimos…es clave redescubrir la fuerza del silencio. Sólo desde él seremos nosotros, podremos entrar en un vis a vis con nosotros mismos, y podremos poseernos.

Ante Dios, dice San Gregorio Nazianceno, sólo cabe entonar un himno de silencio.