Hoy, como nunca, necesitamos el silencio. Silencio que, a veces, se identifica con el callarse o el no hacer ruido, siempre con la escucha. En esta sociedad en la que todo fluye con rapidez e, incluso, con ruido, es imprescindible el silencio. Sólo el silencio puede hacer posible la música.

Orar, encontrarse con uno mismo, aislarse puntualmente para un vis a vis con lo que vivimos y experimentamos, es tan necesario como el aire que respiramos. Escuchar siempre y abrirnos al que nos interpela requiere silencio, requiere abrir las ventanas, todas las ventanas de la acogida…también para el encuentro con Dios.