Virgen del Pino

En este 8 de septiembre, celebramos litúrgicamente en la Iglesia, el Nacimiento de la Virgen. En correlación convencional con el 8 de diciembre, fiesta de su Concepción Inmaculada, celebramos 9 meses después, su nacimiento. La Iglesia sólo celebra litúrgicamente tres nacimientos naturales: el de Jesús (25 de diciembre), S. Juan Bautista (24 de junio) y el de la Virgen (8 de septiembre). Del resto de los santos se celebra su muerte, que es para la iglesia su "dies natalis". De Jesús, la Virgen y el Bautista se celebra su nacimiento por el significado y protagonismo que han tenido en la Historia de la Salvación. En este día mariano, en la geografía católica, se celebran innumerables advocaciones marianas, entre ellas la de Ntra. Sra. del Pino.

La Virgen del Pino, que le da rostro cercano y reconocible a María entre nosotros los canarios, ha llegado hasta nosotros como muchas de la advocaciones marianas del mundo, envuelta en leyendas: "Nuestros padres nos han dicho que la encontraron en Teror, en la eminencia de un Pino, rodeada de tres hermosos dragos y de cuya base brotaba una fuente de aguas medicinales". Fue declarada patrona de la diócesis de Canarias en 1914 y, previamente había sido coronada canónicamente en 1905. Este título, que también posee la imagen de Ntra. Señora de la Soledad de la Portería (1964). es un privilegio especial que denota  el carácter popular de su devoción.

En nuestra parroquia se conserva una pintura sigular y única de Ntra. Señora del Pino. Es un lienzo, casi cuadrado (80 x 60) de la segunda mitad del siglo XVII, que cuelga de la pared del despacho parroquial. En un tiempo estuvo en la Iglesia, pero dado su tamaño y su valor, se consideró mejor resguardado en la forma actual.

Recoge la pintura que reproducimos en nuestra cabecera, aquel pintoresco atuendo a que se refiere el inventario de 1588, citado por García Ortega (Historia del culto a la venerada imagen de la Nuestra Señora del Pino. Santa Cruz de Tenerife 1936, 58): "mantillina de tafetán y gorguera y cifia de hilo de oro" Posiblemente es una pintura que prueba que hasta finales del siglo XVII o XVIII no se adoptó el nuevo estilo del rostrillo cerrado que actualmente lleva la imagen que vemos en la basílica de Teror.

Este cuadro procede del legado hecho por Dña. Ana Sánchez de Orellana.

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