Una fiesta para todos

Desde el siglo IV existe en la liturgia una fiesta para todos los santos. La liturgia bizantina la celebra el domingo siguiente a Pentecostés. La fiesta en la Iglesia de Roma, el uno de noviembre, se remonta al siglo IX.

La liturgia actual subraya que se trata de una fiesta común a todos los santos del cielo, no sólo a los santos canonizados o presentados por la Iglesia oficialmente como tales. Todos los santos, en ellos están todos, también los que sólo son conocidos de Dios. La Liturgia de la Palabra con la lectura del Apocalipsis (7,2-4.9-14) nos orienta y nos hace levantar la vista y mirar hacia la Jerusalén celeste donde mora la multitud de los elegidos. La segunda lectura de la Primera Carta de Juan (3,1-12) presenta la llamada de Dios a ser hijos en plenitud. El Evangelio de las Bienaventuranzas indica el camino evangélico del cristiano. t 5, 1-12). El prefacio propio del formulario de la Misa marca de modo especial el sentido teológico de la fiesta.

Escrito por