San Francisco de Asís…»Hagamos posible,lo imposible»

Celebramos hoy en toda la iglesia a San Francisco de Asís, nuestro patrono, cuya muerte aconteció en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226, a los 46 años. Hace ya siglos ya todavía sigue fascinando.

San Francisco fue un hombre sensible, tierno, profundamente humano. Su ternura hacia todas las criaturas, su sensibilidad ante la debilidad humana, su infatigable deseo de armonía y de paz entre todos los seres del universo, lo ha convertido en un santo de innegable atractivo. Incluso para aquellos que viven su fe en el umbral de la Iglesia.

 

Estudiar la vida de Francisco es estudiar el evangelio. Contemplar su vida es como contemplar una escenificación histórica de las Bienaventuranzas, del mandamiento del amor, del Misterio Pascual de Cristo. Encontrarse con Cristo arrebató a Francisco y fue Jesucristo quien lo sedujo y lo transformó.

 

Ha pasado el tiempo y, a pesar de todo, su historia parece de hoy, rebosa vida por los cuatro costados. 

 

Mirar a San Francisco, es como mirarnos en un espejo: a él también le costó decidirse, pero cuando se encontró con Jesucristo, ya nada pudo ser como antes. Los contemporáneos de Francisco, aquellos que intentaron e intervinieron en su vida para desanimarlo de sus proyectos – familiares, amigos, clérigos, paisanos – le trataron de utópico, de idealista, de loco, de raro…

 

¿Y es cierto? ¿Es verdad que el hijo del rico comerciante que se hizo mendigo, el aventurero de guerras locales convertido en pacifista, el joven simpático y parrandero, era realmente utópico, un soñador? Pues sí…Gracias a Dios…Porque sólo aquel que desea lo que parece imposible hace avanzar el mundo: “Si tuvieran fe como un granito de mostaza dirían a esta morera plántate en el mar y les obedecería”. ¡Para hacer cosas impensables sólo se requiere estar enamorado! Como aquellos estudiantes utópicos del lejano mayo del 68 necesitamos tambien nosotros «hacer posible,lo imposible».

 

Para Francisco el evangelio no es sólo un libro para admirarlo, es, sobre todo, una persona con la que encontrarse, un camino para ser recorrido. Las palabras: “mi madre y mis hermanos son éstos…” sonaban permanentemente en sus oídos.

 

Nosotros, cuando escuchamos el Evangelio nos conmovemo, pero, en el fondo, pensamos que es sólo un ideal, una utopía bellísima, pero inalcanzable. No es para nosotros, porque no nos sentimos héroes. Para Francisco, no fue así, para él el Evangelio es algo, Alguien, que está al alcance de todos: Basta un poquito de fe.

 

Francisco, no se refugió en exégesis, ni estudios de altos vuelos…Simplemente se puso a leer el Evangelio y a vivirlo como lo entendía. Y no hizo más. Lo trataron de loco, de iluso, y sin embargo desató un movimiento entre la gente que llega a nuestros días…. Porque era auténtico.

 

Sin embargo, Francisco no fue nunca un iluso. Sabía perfectamente que el amor que le impulsaba hacia Dios y hacia los demás, tenía que ser moderado por la disciplina y la penitencia. Tenía que ser reconducido, armonizado por la disciplina y el esfuerzo. Sin dramatismos, sin excesos, pero sí con constancia, con alegría, con oración con un corazón libre, siempre disponible.

¿Es demasiado idealista pensar que la vida de Francisco, puede enseñar algo al hombre de hoy? En un mundo en el que el pragmatismo económico, el beneficio y la eficacia tienen más importancia que los principios morales y el respeto a la dignidad humana…¿No es demasiado utópico pensar que el ideal de Francisco pueda seguir interesando a nuestra sociedad?  ¿O quizá sí?

 

¿No necesitamos, hoy, más que nunca, hombres y mujeres que crean en la fraternidad, hombres y mujeres que luchen por una mayor armonía, hombres y mujeres que vivan y experimenten más que hablen? ¿No necesitamos hombres y mujeres capaces de plantar moreras en el mar?

San Francisco no es una fórmula, ni un recurso fácil ante lo humanamente imposible, es, ante todo, una prueba concreta de que el evangelio es posible, de que puede ser posible lo imposible.

 

Para empezar, bastaría un vaso de agua. Lo dice el mismo Jesús: un vaso de agua dado en su nombre…Cambiar la lógica del beneficio por la lógica del don. Y empezar…¿Quién no puede dar un vaso de agua? Un poco de fe, es suficiente.

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