Sagrado Corazón

El próximo viernes celebraremos la Solemnidad del Sagrado Corazón, una fiesta movible a celebrar el viernes siguiente al Domingo de Corpus.

La devoción al Sagrado Corazón viene de lejos. La primera fiesta se remonta al siglo XVII, probablemente en 1672 en Francia, pero sus orígenes son mucho más antiguos. El punto de partida fue el apóstol S. Juan, representado en la iconografía tradicional de la Última Cena ,apoyado en el corazón de Cristo.

Las Edad Media fue particularmente fecunda en el desarrollo de esta devoción. Muchos fueron los hombres ilustres, por santidad y doctrina, que profundizaron en esta dimensión fundamental de Cristo. Vieron en este órgano del cuerpo humano, el símbolo del amor hecho carne, el “lugar de refugio” donde ponerse a salvo, la casa de la misericordia donde encontrar acogida. Entre estos hombres y mujeres señalamos a S. Bernardo de Claraval, a San Buenaventura de Bagnoregio y mujeres como santa Lutgarda, santa Matilde de Magdeburgo, las hermanas Matilde y Gertrudis, del monasterio de Helfta o Santa Catalina de Siena.

Sin embargo la verdadera devoción moderna del culto al Sagrado Corazón ha sido atribuida a S. Juan Eudes (1601-1680) y, sobre todo, a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690) religiosa contemplativa de la Visitación.

El corazón “apasionado de Cristo”, después de la “gran reclusión” por la pandemia, nos pide oración, renuncias, acción. Particularmente en este período dramático que ha dejado sus cicatrices en tantas familias heridas,  en nuestras relaciones sociales y en nuestro día a día; pero también ha dejado expectativas y esperanzas.

“Cor-aje” se deriva de “corazón”. Es ahí donde hemos de encontrar la fuerza para afrontar el futuro. Es ahí, en el corazón de Cristo, donde hemos de encontrar la fuente de la energía para seguir empujando y es en “nuestro corazón” donde está el secreto.

Sigamos, pues, remando, trabajando y dialogando de “corazón a corazón”.

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