Sábado Santo

 

Hoy es un día de silencio, de dolor, de interiorización. Tenemos el peligro der vivir el Triduo Pascual como una serie televisiva de la que sabemos el final. Pero cada día hay que vivirlo en toda su densidad.

El sábado Santo, ese «no-día», también nos remite a un Dios que Salva, a una historia que es nuestra historia, a preguntas no contestadas y a deseos rotos. En definitiva, nos remite, como pocos días de la Semana Santa, a nuestro tiempo actual, este tiempo en que parece que Dios está sepultado y bien sepultado, al tiempo de su silencio. Es un día clave en la vida de todo cristiano, porque es el día de las decisiones, de la esperanza, de las preguntas, también de las respuestas. Es un día, como la vida misma.

Hoy no hay Eucaristía. Es día de duelo, prácticamente vacío. Queda sólo en pie, desde el punto de vista litúrgico, la oración de las Horas. La Iglesia recomienda la oración y el ayuno. Un ayuno que no es penitencial como en Cuaresma, sino un ayuno para alimentar el deseo e incrementar la espera. La Pascua está cerca.

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