Reflexión a partir de María que «estaba».

En este camino de soledades y aislamientos que tantas veces experimentamos en el camino de la vida y que de modo especial, desde hace ya casi dos años, nos duele en carne propia y en la carne de todos aquellos que no hemos podido abrazar o acompañar en sus momentos más críticos, nos detenemos junto a María y la contemplamos en su soledad sonora, en su soledad poblada de nombres, porque también queremos vivir lo aparentemente invivible, orando con ella, meditando con ella, leyendo con ella la historia desconcertante de nuestros días… Estamos aquí, junto a su imagen bendita y hemos venido en este día, 15 de septiembre, como muchos antes que nosotros, a saludarla, a felicitarla por su onomástica, a decirle que la amamos y que la necesitamos.

¿Se imaginan las miles de plegarias que han acariciado esta imagen de María, las miles de súplicas y agradecimientos que el viento de la oración ha levantado en el corazón de las generaciones que nos han precedido? Desde el siglo XVI nos acompaña esta imagen de María: al principio, en la capilla situada junto a la portería del convento franciscano, ahí, frente a las campanas, donde ahora vemos un mosaico que nos evoca su presencia, luego desde este retablo en la iglesia parroquial, obra del insigne artista canario Luján Pérez y siempre cuidada por su Archicofradía, varias veces centenaria, la más antigua del archipiélago que, por eso, la llamamos Archicofradía.

Ante ella nos detenemos cargados con el dolor y las alegrías del momento, desorientados, heridos, pero siempre esperanzados. Su figura esbelta, su pañuelo desplegado en sus manos, el negro de su vestido, nos remiten al dolor, pero su corona de reina nos habla también de futuro, de dina madurez humana…. “Junto a la Cruz de Jesús, también estaba su madre…” (Jn 19,25). Es todo lo que dice el Evangelio de María cuando su Hijo moría, exhibido como un blasfemo, en una cruz, entre el cielo y la tierra, en las afueras de la ciudad santa.
“Estaba”. En el marco de aquel drama teñido de oscuridad, cruzado por gritos, por lamentos y burlas, roto por los interrogantes, María “estaba”.

(Jn 19,25)

Con frecuencia, ante el dolor, nos sentimos impotentes. Quizás nunca como ahora ante esta pandemia desconocida y mutante. No sabemos qué hacer, ni cuándo, ni cómo terminará esta pesadilla y todo cuanto hemos de aportar a su posible solución es seguir los protocolos establecidos, y “quedarnos en casa” como lo más efectivo. Mientras una minoría de hombres y mujeres trabaja, se esfuerza en condiciones no siempre adecuadas, en detener al monstruo que parece insaciable, a la inmensa mayoría simplemente nos toca “estar”.

Fue ese, sin duda, un rasgo esencial de la vocación de María: “Estar”. En Caná de Galilea, al pie de la Cruz, en medio de la comunidad post- pascual… María “estaba allí”. Y en ese sencillo y mudo “estar” siempre pasaba algo y algo bueno: En Caná el agua de las purificaciones judías, símbolo de la antigua Ley, se transformaba en el vino nuevo de los tiempos mesiánicos; junto a la Cruz, en el momento de la derrota y de la deserción, era engendrada la Iglesia con nuevos lazos de familiaridad, con nuevos hijos, y en Jerusalén, la pequeña e insegura comunidad de seguidores, recibía el Espíritu Santo y salía a anunciar que Jesús es el Señor y está vivo.

Es importante, como ciudadanos, y evidentemente como cristianos, saber conjugar en nuestra vida el verbo “estar”, como María. Superados por los acontecimientos, desconcertados por la impotencia, amenazados por lo imprevisto  no sólo hay que saber “hacer”, sino también hay que saber “estar”. Un “estar” que no es curiosidad, “fisgoneo,” sino presencia activa, “olor a oveja”,»com-pasión,  mirar al otro desde su mismo nivel…

Estaba al pie de la Cruz su Madre…”Estar” no es mirar desde lejos o asumir una actitud pasiva ante los problemas, sino la forma de ser testigos, de hacernos presentes, de sumar y no restar a la hora de las soluciones, tratando de empujar siempre en la misma dirección.

María, madre de la Iglesia y madre nuestra, que siempre sepamos “estar.”

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