¿Quién llora por ellos?

El Mediterráneo, el “ mare nostrum”, se ha convertido en la mayor de las fosas comunes del mundo. Cientos y cientos de cadáveres yacen bajo sus aguas. En esta última semana han sido más de setecientos. Son hombres y mujeres jóvenes, niños incluso, que huyen del hambre y de la violencia de sus lugares de origen. Buscan un “Dorado” que lo sitúan en Europa y sus barcazas se convierten en trampas de muerte. Son víctimas permanentes de situaciones que no han creado, desesperados sometidos a la crueldad de las mafias, el futuro de un continente que les niega un sitio. Al final de este año, si no se corrige este flujo trágico, serán miles y miles. Y, mientras, dormimos atenazados por nuestros propios miedos, indiferentes, de espalda a tanto infierno.


En ese mar se hunden también nuestros políticos y nuestras organizaciones internacionales… ¿Quién llora por estos hombres y mujeres?


Más allá de las palabras y  fórmulas policiales, Europa, la ONU, todos los gobiernos del mundo deben buscar soluciones humanitarias, respetuosas con los derechos humanos. Todos sabemos que no es fácil solucionar el tema de los emigrantes. Pero sería inconcebible, un fracaso total, no intentarlo.


“Estamos desorientados, poco atentos al mundo en el que vivimos. No cuidamos el mundo que tenemos, ni nos cuidamos unos a otros»…afirmaba el Papa en aquel recordado discurso en Lampedusa…pero no podemos sentirnos indiferentes…aquí no vale lo de Fuenteovejuna…Todos somos responsable y cada uno interpela  la pregunta de Dios a Caín: ¿Qué has hecho de tu hermano?

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