“Querida Amazonía”

Así se llama la exhortación, en cuarenta y una páginas, del Papa Francisco. Responde al documento final del Sínodo sobre la Amazonía, concluido el pasado octubre en el Vaticano.

Ha sido escrita en un estilo epistolar para ayudar a “despertar la preocupación por esta tierra que también es nuestra”, dado que es vital para nosotros y afecta a toda la Iglesia por sus problemáticas. Una tierra que nos evoca y nos remite a una “totalidad” y a un “lugar teológico” y que obliga a la Iglesia a no olvidarse de cómo ser Iglesia, no sólo en la Amazonía.

El documento ofrece en 111 números, soluciones concretas: El Papa sueña con una Amazonía “que lucha por los derechos de los más pobres, de los pueblos indígenas, de los últimos, donde sus voces sean escuchadas y promovida su dignidad.” Una Amazonía que “defienda la riqueza cultural que la distingue, en la que resplandezca en forma variada la belleza natural que la adorna, en definitiva la vida”. Que tenga comunidades cristianas “capaces de comprometerse y de encarnarse en la Amazonía,” hasta el punto de dar a la Iglesia, nuevos rostros con rasgos amazónicos”.
En el texto no se alude a la posibilidad de diaconisas o de sacerdotes no célibes, como aparecía en algunas propuestas hechas al Sínodo y que ha ocupado largas discusiones en los últimos meses.

El documento magisterial, está enriquecido también por versos y textos de doce poetas y escritores latinoamericanos a los que el Papa recurre para poner de relieve el interés que despiertan las heridas y las contradicciones de esta parte del mundo.

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