Primeras Comuniones

 

 

Ha llegado Mayo y, con el mes de las flores, llegan también las Primeras Comuniones. Es uno de esos momentos sociales que, todavía hoy, aunque menos, convoca a multitud de gente en torno a un ritual que podemos vivir de muchas formas. Ciertamente en el proceso de Iniciación que nos atañe a todos los cristianos debería ser éste, un momento de especial vinculación a la comunidad cristiana y un paso adelante en la maduración de la fe. Desgraciadamente, no siempre es así, y todos lo sabemos. Por ello, es importante dejar constancia de ello y desde todas las instancias que afectan a los niños – familias, parroquia, colegios…- tratar de crear condiciones para que la fe no quede reducida a puro folklore y la experiencia cristiana sea realmente el “humus” natural donde se respire y se desarrolle de forma armónica la personalidad de estas nuevas generaciones.

No está de más recordar al respecto, lo que el Sínodo de nuestra diócesis nos advierte:

“Todos hemos de hacer el mayor esfuerzo para liberar a la celebración de la Primer Eucaristía del aparato social y consumista que la rodea y que le hace perder su sentido cristiano y eclesial. Por ello conviene:

• Que los padres acompañe a sus hijos en todo el proceso de catequesis, para que juntos se conviertan a Jesús.

 

• Que la familia tome conciencia de que la catequesis no es sólo un paso previo a la Primera Comunión, sino un proceso continuo de educación en la fe.

 

• Que en la catequesis se tenga muy en cuenta el compromiso cristiano de solidaridad con los pobres.

 

• Que se ponga el énfasis en las experiencias y actitudes cristianas”.
(Constitución 431)

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