¿Por qué me pegas?

Posiblemente ya nos hemos encontrado alguna vez con esta letra del alfabeto árabe. Corresponde a la N en el alfabeto latino. Una N por “Nasarah”, es decir, “nazareno”. El término con los que se designa a los cristianos en el Corán y el término con el que también eran conocidos los seguidores de Jesús en el judaísmo primitivo: “…que perezcan los nazarenos y heréticos…”, rezaba una de las 18 oraciones de bendición que todo judío practicante oía y rezaba en la sinagoga.


Hoy esta letra está de actualidad. Con esta letra los cristianos deben marcar sus casas y quedar señalados ante el resto de vecinos. Las alternativas ante el desahucio o la conversión al Islam, sólo es la muerte. Por eso muchos, los que han tenido más suerte, han podido huir. Malviven en campamentos inhumanos o sobreviven en las áridas montañas del, en otro tiempo, conocido como medio arco fértil. Pero, desgraciadamente, el odio y la barbarie se extiende como una mancha de aceite por otros países de Africa e incluso Asia. El único delito que han cometido estos hombres y mujeres es ser cristianos. Y todo esto ante la pasividad de una sociedad demasiada ocupada en salvar sus conquistas.
Una vez más resuena la queja de Jesús: «¿Por qué me pegas?». Es el sufrimiento siempre absurdo ejecutado en nombre del mismo Dios…¿Quién lo entiende?


Implicarnos en esta lucha entre civilización y el extremismo violento debe ser para todos un imperativo moral. Desde aquí nos unimos a todos los que han levantado su voz en Europa. En países como Inglaterra o Francia y les pedimos a nuestros dirigentes, a los que gobiernan y a todos los gobernados que no callen.


La inmensa mayoría de estos cristianos ya habitaban esas tierras antes incluso que surgiera el Islam. Ahora, huérfanos y errantes, esperan de nosotros un gesto solidario, una palabra de denuncia y un lugar de acogida.


Cuando uno oye hablar de la destrucción de Doura Europos, donde se encuentra la sinagoga cristiana más antigua, el baptisterio del que primero teníamos noticias en la historia del cristianismo, algo nos dice que también nosotros estamos muriendo y siendo destruidos. Al fin y al cabo, somos hijos de aquellas primeras comunidades.


Tiempos de pasión y drama. La Semana Santa continúa y espera simplemente un poco de compasión. Resucitará en la medida que todos nos sintamos heridos.

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