Parroquia de San Francisco: santuario mariano

 

Es imposible enumerar y contabilizar todos los santuarios, capillas, imágenes dedicadas a María. Unas se levantan junto al mar, otras sobre la cima de las montañas o colinas. Unas en el ámbito bucólico del campo, otras en medio del estrépito de la ciudad. Todo espacio tiene su propia historia, sus tradiciones, sus leyendas y milagros propios. Cada lugar sigue siendo un centro de devoción popular y, en lo que a nosotros respecta, queremos ofrecer, en este mes de Mayo, nuestra iglesia como meta de encuentro y devoción a María en su advocación secular y propia de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería.

Es una de las imágenes más antigua de nuestra historia cristiana en Canarias. Ya, a finales del siglo XV se le rendía culto en la capilla que, junto a la portería del convento franciscano de la ciudad, se había levantado junto al Guiniguada. El encuentro con ella era de obligado cumplimiento para los roncotes que faenaban en la mar, tanto al ir como venir de su arriesgado trabajo. Fue una Virgen que, contra todo pronóstico, nació marinera.

Según las leyendas que envuelven su devoción, llegó a la ciudad en barco, enviada por la misma reina católica y sus más fieles devotos también eran, entre otros muchos, los hombres del Risco que se incorporaban a las duras e imprevisibles tareas de la pesca.

La imagen de María, custodiada primero por los religiosos franciscanos y luego por la Parroquia fue coronada canónicamente por decisión de San Juan XXIII. Sólo la imágenes de la patrona diocesana y la Virgen de la Soledad gozan, en nuestra diócesis, de este privilegio concedido por un Papa: de ahí el título de “ Pontificia” que lleva su cofradía.. El resto de las imágenes coronadas han sido ya con el nuevo protocolo que concede a los obispos residenciales este cometido.

Las leyendas, poemas, milagros atribuidos a María, a través de esta imagen, son innumerables. Encontrarnos con esta imagen de María es evocar toda una historia multisecular. El retablo en el que se localiza su camarín fue diseñado por Luján Pérez y su paso de Semana Santa es una verdadera joya. Pero si, a nivel cultural su presencia deja su huella en nuestra cultura, es sobre todo en nuestro corazón donde María ocupa un espacio singular.

En este mes de Mayo, ahí está para coger nuestra oración, para enjugar nuestras lágrimas con su pañuelo y para acompañarnos en nuestras soledades impuestas. ¡Que ella nos conduzca siempre a Jesús!

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