Náufragos sin nombre

 

Según cálculos de la Banca Mundial en el año 2050, los migrantes serán más de 140 millones. La migración estará motivada por el cambio climático, la desertización, el empobrecimiento de las áreas fértiles, la escasez de agua, el aumento del nivel del mar y un largo etcétera. El éxodo continuará y será dramático; probablemente muchos morirán sin dejar tras de sí ningún rastro, como sucede hoy.

Hace unos días una mujer y un bebé aparecieron muertos en una playa del sur de la isla, cerca de Arguinegín. Habían desaparecido el día anterior cuando la patera donde viajaban 23 adultos y 3 niños llegó a nuestras costas. Los medios se hicieron eco del acontecimiento, pero apenas si sabemos algo de esos hombres y mujeres. La mujer sin nombre, sin rostro; el bebé igual y, sin embargo, cada uno tenía su historia.

El bebé, como todo niño, una vida por delante, la mujer como tantos de nosotros, llena de ilusiones y casi tocando lo que seguramente creía la meta de sus sueños. La inmensa mayoría de ellos son jóvenes, muchos estudiantes en busca de posibilidades.

Frente a este fenómeno, imparable… ¿Qué hacer? Un vez más nos cuestiona la vida y a nosotros, cristianos, nos interpelan los acontecimientos. A veces nos quedamos en los relatos y convertimos en iconos la misma tragedia…¿Quién no se acuerda de aquel niño sirio, Aylán, que naufragó en una playa turca?

Hoy siguen muriendo miles de niños. En la mayoría de los casos sin fotógrafos que capten la instantánea y sin nombres que, al menos, podamos identificar…Y sin embargo, todos y cada uno de ellos tienen rostro y tienen un nombre. Si nos acostumbramos a ello, todo irá a peor.

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