Mes de Mayo

El mes de mayo es el período del año que tradicionalmente dedicamos con mayor intensidad a la Virgen. Un mes en el que se multiplican las plegarias y las enramadas a María. En la base de todo, la relación estrecha que la devoción popular realiza entre la naturaleza que se llena de colores y flores y María, la “rosa mística”.

Posiblemente habría que remontarse muy lejos para encontrar los antecedentes de este movimiento virtuoso. Ya Alfonso X el sabio, rey de Castilla y León, dejó escrito en sus “Cantigas a Santa María”, en el siglo XIII: “Rosa de las rosas,/ flor de las flores, mujer entre las mujeres, /única señora,/ luz de los santos y guía del cielo…/” A través del tiempo se van acumulando acciones devocionales que, ya desde el medievo, encuentran en el rosario – nombre por cierto que habla de rosas – una de las devociones marianas más universales y permanente. Así como se le ofrece a la enamorada un ramo de flores, los creyentes ofrecemos a María un ramillete de Ave Marías.

Fue, ya en el siglo XVI, San Felipe Neri el que iniciaría alguna de las prácticas ligadas al mes de mayo. Allí, en Roma, su ciudad, recomendaba en el mes de mayo cantarle a María y traerle flores.

Sin embargo la indicación primera del mes de mayo, como mes de María, se la debemos a un padre jesuita Aníbal Dionisi que publicó en Parma en el año 1728 el libro que lleva como título: “El mes de María, o sea el mes de mayo consagrado a María con el ejercicio de varias flores de virtud, propuesto a sus verdaderos devotos”.

El resto es historia reciente. La devoción mariana pasa por la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (1854) que se acrecienta y se desarrolla gracias al amor desmesurado de muchos santos, entre ellos San Juan Bosco o San Luis de Montfort, a la Virgen, alimentado por el magisterio papal. En la encíclica “Mes de Mayo,” firmada el 29 de abril de 1965, Pablo VI habla del mes de mayo como el mes en el que, en los templos y familias, sale de los corazones de los cristianos el más cálido y afectuoso homenaje de la oración y veneración mariana. El mismo Papa en la exhortación Apostólica “Marialis cultus” firmada en 1974, dedicada a la Virgen, apuesta por el Adviento Navidad como el tiempo mariano por excelencia, tiempo, por otra parte, de las grandes fiestas marianas, entre ellas, la solemnidad de María “ Madre de Dios” el título por excelencia de María.

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