mensaje del Papa para la Cuaresma

1. El otro es un don La parábola nos presenta los dos personajes. Sin embargo, la descripción del pobre es mucho más detallada. “El pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa ‘Dios ayuda'”. Se nos muestra como alguien que nos es conocido. “Tiene un rostro; y como tal es un don, de valor incalculable, un ser amado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano”. Mientras que para el rico es alguien totalmente invisible. Lázaro nos enseña que el otro es un don. El pobre en la puerta del rico no es una molestia, sino una llamada a convertirse y cambiar. “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él el rostro de Cristo”. Pero para hacer esto hay que tomar en serio lo que nos revela la parábola sobre el hombre rico. 2. El pecado nos ciega El rico, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene nombre, se califica sólo como “rico”. En él se entrevé la corrupción del pecado. Aquí el Papa Francisco recurre al esquema ignaciano. Este revela esencialmente como Lucifer exhorta a los espíritus malignos a echar redes y cadenas; de manera que primero deberán tentar de “codicia de riquezas”. El apóstol Pablo dice que la codicia es la raíz de todos los males, esta es una lógica egoísta que lleva fácilmente al “vano honor del mundo”. Su personalidad fundada en la apariencia esconde un vacío interior prisionera de la exterioridad. El peldaño más bajo es la crecida soberbia, que lleva a la ceguera de las personas que están a su alrededor. “El rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación”. 3. La Palabra es un don “La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática”. Esto mediante las siguientes palabras de la Escritura: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. La parábola se dirige al más allá, cuando el rico mantiene un diálogo con Abraham, demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Ese aspecto hace su vida todavía más contradictoria, pues en ella no había lugar para Dios. La parábola se prolonga, y de esta manera se convierte en mensaje para todos los cristianos, después de su muerte descubrimos “el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por lo tanto a despreciar al prójimo. La palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón y orientarlo a Dios”. Finalmente, el Papa recuerda que “la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo”. Solo así daremos pleno testimonio de la alegría de la Pascua.

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