Los abuelos

Hablar de los abuelos es ir contracorriente. Hoy vivimos en una sociedad de cambios rápidos y continuos, una sociedad que requiere permanentes competencias técnicas. Una sociedad que tiende a excluir cada día más a aquellos que están ahí y no saben utilizar los nuevos medios. Los mismos abuelos, con frecuencia se sienten fuera de juego, porque se sienten depositarios de memorias que no se valoran.

El Papa Francisco ha hablado con frecuencia a los jóvenes de la importancia de los abuelos y ancianos en la vida de los jóvenes. Cada anciano debe ser consciente de que posee algo que transmitir, un conjunto de experiencias fundamentales en la vida, como el amor, la fe, el sufrimiento, la esperanza que deben transmitir a los jóvenes. Sin esto las nuevas generaciones carecerían de claves importantes para interpretar la vida.

Los abuelos no deben reducirse a ser simples guardianes de los nietos dejados en depósito por los padres ocupados en sus trabajos. Son también educadores. Ciertamente son los compañeros ideales de juego para sus nietos pequeños, porque tienen paciencia y se adaptan fácilmente al ritmo lento de la vida de los niños. En general, son menos rígidos, más tolerantes y, a menudo, hasta cómplices. El niño tiene así junto a él a alguien que sabe ponerse a su altura, que sabe escucharle y está siempre disponible para hablar con él.

Los abuelos, llamados a estar junto a los nietos por razones prácticas, pueden ser también verdaderos educadores, contribuyendo a la tarea educadora de los padres, a la formación de la personalidad de los niños.

Para mantenerse verdaderos educadores han de permanecer con un espíritu joven y perseverar en el empeño de dar vida, no sólo haciendo regalos, sino sobre todo comunicando la propia experiencia.

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