La mujeres, corazón de las periferias del mundo

A lo largo de mi vida, siempre he encontrado, en el espesor de las periferias a mujeres. Estaban allí, en el corazón de un siquiátrico, de una leprosería, de un barrio de prostitución, en un hogar de ancianos o de niños. Eran religiosas anónimas de las que nadie hablaba y todo aquel que se acercaba a ellas se hacía elogios. Hiciera frío o calor, peligrara sus vidas por contagios o se cerrara el horizonte por la exclusión que la sociedad hacía de aquellos infiernos, allí estaban ellas, pacientes, constantes y siendo testigos de la ternura de Dios. Hoy, día de la mujer trabajadora, quiero ofrecer este pequeño homenaje de reconocimiento. A las que estuvieron y a las que siguen. Siempre un árbol cortado en el bosque hace más ruido que miles que crecen juntos. Pero son ellas, son esos árboles callados y perdidos, los que oxigenan el mundo. Gracias y fuerza. El futuro se construye con ustedes.

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