Jornada mundial del emigrante y refugiado

Las Jornadas están de moda e invaden el calendario buscándose hueco. Hay más “jornadas” que días. Pero son necesarias. No porque su influencia sea inmediata o viral, como se dice hoy, sino porque va permeabilizando la opinión pública y sirve de recordatorio. Los refugiados también existen y la emigración es un hecho. Y, decir eso, significa retos, problemas y propuestas, como las que en este año se nos ofrecen: “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”. Este es el lema y el desafío del momento. ¡Más allá de Cataluña y su monotema, hay vida!

No es fácil. Bien sabemos que un nuevo liberalismo recorre Europa y los países de acogida. Y, los derechos humanos, requieren el cumplimiento de otros derechos que los hagan posibles. Ni los muros, ni el mar, ni el desierto, ni los miles de cadáveres que pueblan el fondo de los mares son un obstáculo para detener al que sólo tiene como salida a su sobrevivencia salir, emigrar, huir. Es importante que la Iglesia apueste siempre por el débil y anime a encontrar espacios de confluencia, de encuentro. “El emigrante que reside entre ustedes será para ustedes como el del país: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fueron también ustedes en Egipto. Yo soy el Señor tu Dios” (Lev 19,34).

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