III ráfaga evangélica:»Dios salva en la tempestad, no de la tempestad»

“¿No te importa que perezcamos?” Esta es la tremenda acusación… ¿Te importa o no que muramos?
Y, a continuación del grito, el Evangelio enumera varios gestos de Jesús que responde al grito y a la pregunta del hombre. Y lo hace con gestos y palabras: La elocuencia del gesto, “Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar…”

¡Claro que me importas tú y todos los seres humanos!. Por eso realizo estos gestos…Me importa todo ser vivo, hasta las aves del cielo y las flores del campo…Pero ustedes todavía me importan más…De ustedes sé hasta cuantos cabellos peinan en sus cabezas y cuanta angustia puede habitar en sus corazones…Yo estoy siempre contigo, estoy siempre con ustedes…Riendo contigo y llorando con tus lágrimas…Iluminando las noches de tu vida y compartiendo contigo la singladura accidentada de la historia.

No soy un Dios mágico, sino «un Dios contigo»…Un Dios hecho hombre que camina y vive contigo, navegando en medio de las tempestades…No te salvo de las tempestades, sino “en” las tempestades…”No te salvo de la Cruz sino en la Cruz…” (Bonhoeffer).

Y termina el evangelio con dos preguntas que nos afectan a todos: la primera la hace Jesús “¿Aún no tienen fe?”…La segunda es una pregunta que emerge del encuentro y del impacto personal ante el Otro: “¿Pero, quién es éste?”

Ambas cuestiones suenan aquí y ahora para cada uno de nosotros, ambas requieren ser escuchadas y dejarlas resonar en nuestro interior, orarlas.  La respuesta dependerá de eso: del encuentro con el que nos pregunta, de la escucha personal previa y de sentirnos interlocutores de primera mano.

Las preguntas son: “¿Aún no tienes fe?”… “¿Quién es éste?”

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