Evangelio del Domingo

“Yo soy el buen pastor”…Si hay un título que desarma y, al mismo tiempo, desarmado, que Jesús se haya dado a sí mismo, es el título de “buen pastor”. Una figura, sin duda, lejana a nuestra cultura urbana e, incluso, negativa por la idea gregaria que supone el término rebaño que cuida el pastor. Sin embargo, más allá de la imagen, sin duda lejana culturalmente, lo que se esconde tras esos términos de “buen pastor”, no tiene nada de romántico: Jesús es un pastor bueno y combativo, que no huye y tiene el valor, poniendo su vida en riesgo, de defender a sus ovejas de los lobos depredadores. En contra de lo que hace el mercenario que lo único que le interesa es su beneficio personal, El lucha y defiende al débil, al que se encuentra en inferioridad de condiciones, frente al fuerte y el poderoso.

Todos nos sentimos rápidamente atraídos por un personaje así, aunque luego no lo imitemos. Es fácil encontrar belleza en una persona que entiende su vida como una donación, sentirnos atraídos por una persona apasionada y valiente frente a la injusticia y el abuso.

“Yo doy mi vida” esto es mucho más que cuidar del ganado. Estamos tocando ese hilo finísimo que recorre y unifica toda la acción de Dios a través de la historia: la obra de Dios es dar siempre y para siempre vida. Tener claro esto es clave para los que nos decimos cristianos. Jesús no ha venido para ofrecernos un sistema de pensamiento o un código de normas, sino para darnos más vida. Ha venido para que nuestra vida crezca, florezca en todas sus formas.

Hace muy pocas semanas, el presidente de Francia, una nación que se siente orgullosa de su laicidad, en un discurso inédito por lo que dijo y donde lo dijo, dirigiéndose a todos los obispos franceses les decía que la sociedad política tiene necesidad de los católicos, tiene necesidad de su inconformismo, de su aportación necesaria. Las raíces cristianas de Europa son un hecho, está ahí, pero más que ser las raíces de Europa, que pueden haberse muerto, Europa tiene necesidad de la savia, de la linfa cristiana.”

¿Y en qué consiste la linfa cristiana? ¿En qué consiste la linfa divina? En uno de sus discursos San Pedro lo deja clara: Jesús es “ autor de vida”: inventor, artesano, sanador de vida. Dentro de unos momentos lo afirmaremos en la Plegaria Eucarística III “Tú que, por el Espíritu, das vida y santificas todo”. Savia divina, por tanto, es todo lo que da vida, lo que ayuda a vivir.

Sólo así, cuando en cada suspiro nuestro, en cada gesto, identificamos el gesto y la mirada de Jesús que nos transmite su forma de amar y de trabajar por la vida, podremos contrarrestar a los que sólo aportan muerte y humillación. A aquellos que no sólo no sirven a sus ovejas, sino que se aprovecha de ellas. Estos son los lobos de hoy.

Jesús, nos conoce y no nos trata de forma gregaria: nos conoce uno a uno, por nuestro nombre y está dispuesto a dar la vida por cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros está presente en su corazón con su propio nombre y su propia historia. Y es, como si nos dijera a todos, tú eres importante para mí y yo cuidaré de tu felicidad.

Hay lobos, muchos lobos… A muchos los identificamos rápidamente, pero otros se agazapan y se travisten incluso de ovejas. Posiblemente son más numerosos que los corderos, pero no son más fuertes. Porque, si nos sentimos atraídos por este Pastor, si nos sentimos suyos y conocemos su nombre, podremos resistir y combatir, porque llevamos dentro de cada uno de nosotros un pedazo de su fuerza, un trozo de Dios, vivimos de su misma vida.
(Jn 10,11-18)

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