Evangelio del Domingo

 

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

—«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».(Mc. 1, 12-15).

Palabra del Señor.

Comenzamos la Cuaresma y empezar la Cuaresma es iniciar un camino: un camino que nos conduce al corazón de nuestra fe, la muerte y resurrección de Cristo, nuestra Pascua. Es un tiempo para confrontarnos con Cristo e ir modelando nuestra vida según el perfil del Maestro, Jesús de Nazaret.

Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Marcos escribe estos breves versículos, tal como acabamos de escuchar. El relato de Marcos, a diferencia de Lucas y Mateo, no entra en el contenido de las tentaciones de Jesús, sino que se centra en lo esencial: el Espíritu lo empuja al desierto y en el desierto permanece cuarenta días y cuarenta noches en las que es tentado por Satanás. Es en ese lugar, el desierto , donde Jesús juega la partida de su vida: ¿Qué tipo de Mesías será? ¿Ha venido para ser servido o para servir? ¿Ha venido para acumular, ascender, promocionarse o para acercarse al desvalido, ofrecerse? La tentaciones son siempre una elección entre dos posibilidades, una opción entre dos caminos, dos amores. Y sin elección no hay libertad, no hay vida. Si queremos ser personas, seremos tentados y hemos de elegir.

Jesús no conoció una vida fácil y tranquila: los evangelios nos recuerdan su lucha interior y las dificultades que tuvo que superar. Y, eso, no sólo en un momento de su vida, sino a lo largo de toda su existencia: Los maestros de la Ley lo acosaban continuamente con preguntas y trampas para someterlo al orden establecido, para hacerle tomar postura ante lo que consideraban “lo políticamente correcto”. Los fariseos le pedían que se olvidara de la gente que sufría y realizara algo más espectacular, un “signo” de proporciones cósmicas, con el que Dios le confirmara como enviado suyo. Las tentaciones le venían incluso de sus propios discípulos: Santiago y Juan le pedían ocupar puestos de honor y de poder, todos le rechazaban cuando les hablaba de lo que tenía que sufrir y le abandonaron cuando la policía lo detuvo.

Jesús ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne los zarpazos del mal. Su entrega apasionada al proyecto del Padre le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones y de él hemos de aprender a vivir sus seguidores en estos tiempos revueltos.

“El Espíritu empujó a Jesús al desierto”. Así empieza el relato que hemos escuchado. No lo empujó a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y sigue siéndolo también hoy.

Y, allí permaneció, en el desierto, cuarenta días. Es un símbolo de lo que fue su vida. El desierto, ese lugar inhóspito y nada cogedor, será el escenario en el que transcurrirá su vida. Un lugar, sin duda, de prueba y purificación, el mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para el que queda abandonado a sus propias fuerza.

Tentado por el diablo. “Diablo", es "el que divide”, el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reino. En la tentación, en la crisis, se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de autenticidad o de apariencia, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.

Lo estamos viendo continuamente a todos los niveles: Descubrimos a personas que en nombre de la revolución pendiente, de la solidaridad con los más desvalidos, se llenan los bolsillos; salen a las calles a gritar contra la injusticia y, mientras, se llenan sus bolsillos con los pingues sueldos que les aporta el estar sentados en la mesa de los que se reparten el botín. Es la crisis, o el momento difícil, el que pone en evidencia nuestro corazón y hace emerger gran parte de nuestras historia invisible.

En su vida, Jesús siempre estará atento para descubrir a Satanás en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará incluso a su amigo Pedro con estas palabras: “ Apártate de mí Satanás…tus pensamientos no son como los de Dios”. Los tiempos de prueba no podemos bajar la guardia y hemos de vivirlos como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

“Vivía entre alimañas y fieras, y los ángeles le servían”: Las fieras nos evocan a los seres más violentos de la tierra, evocan en el relato de Marcos, los peligros que amenazan a Jesús. Frente a ellos los seres más buenos, los ángeles, que lo cuidan y sostienen. Así vivirá Jesús toda su vida, en tensión permanente, entre las fuerzas del bien y del mal que luchan en su corazón, como en cualquiera de nosotros, pero él se defiende y se pertrecha buscando en la oración la fuerza del Padre. Vivimos tiempos difíciles. Difíciles a todos los niveles. Pero no necesariamente malos…la tentación, la crisis, nos puede revelar grandes verdades ocultas, verdades a las que hacemos poco caso, puede hacernos replantear muchas cosas…por ello, preguntémonos qué es lo esencial en nuestra vida y cómo salvaguardarlo por encima de todo: permanezcamos y aprendamos del Maestro. De estos tiempos nada fáciles, todos, también la Iglesia, podremos salir más humildes y más fieles a Dios.

El relato del evangelio que hemos proclamado ha sido escrito para alentarnos. Es siempre una Buena Noticia. No olvidemos que hoy la primera lectura nos contaba que Dios fue el inventor del arco-iris, de ese abrazo alegre y lúcido, entre el cielo y la tierra, de ese puente entre todos los seres vivientes. Es realmente gratificante saber que, aunque nosotros podamos abandonar a Dios, El no nos abandonará jamás.

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