Evangelio del domingo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados.

Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor

Reflexión:

No tengan miedo, ustedes valen más que los pájaros. Ante este evangelio que acabamos de escuchar podemos experimentar, al mismo tiempo, ternura y miedo: miedo por no terminar de aceptar, ni entender, a un Dios que se ocupa de cosas tan nimias como los pájaros del cielo o los pelos de la cabeza, un Dios que se ocupa de las cosas pequeñas. Ternura porque nos conmueve, sin duda, estas imágenes que nos revelan un Dios totalmente diferente a la imagen que nos hemos hecho de El, un Dios que rompe nuestros esquemas: un Dios que hace por mi, algo que nadie hace, que nadie hará jamás, un Dios que tiene en cuenta, se preocupa, de mis cosas más insignificantes. Un Dios que me dice que yo, que tu vales para él más que los pájaros. Que todo lo que yo haga, lo que tú hagas, aunque sea pequeño, es importante, Dios lo valora porque se preocupa de mi hasta el más mínimo detalle.

Ni un sólo pájaro caerá al suelo sin que el Padre lo quiera…Y, sin embargo, los pájaros continúan cayendo, los inocentes muriendo, millones de niños echados fuera de sus nidos como pajarillos que no saben volar…

Entonces, ¿es Dios quien los hace caer en tierra?. ¿Es Dios el que corta las alas de nuestra corta vida? No. Hemos interpretado este texto a la luz de cierto fatalismo, todo está escrito, no se mueve una sol hoja sin que Dios lo quiera. Pero el Evangelio no dice esto, lo que dice es que ni siquiera un pajarillo caerá en tierra sin que Dios sienta compasión por él, ninguno caerá en tierra sin que Dios ponga sus manos, sin que Dios lo note. Cuando eso suceda, porque sucede, Dios no estará lejos, indiferente, estará allí.

La traducción correcta sería: nada sucede sin que el Padre lo advierta, no sin que el Padre lo quiera. De hecho, son muchas las cosas que pasan en el mundo y que Dios no quiere. Todo lo que surge del odio, de la violencia, del egoísmo sucede sin que el Padre lo quiera y, sin embargo, nada sucede sin que el Padre lo sienta, se conmueva…nadie muere sin que El sufra y padezca también agonía. Nadie es rechazado, si previamente no le rechaza a El, nadie es crucificado sin que El sea de nuevo crucificado. Lo que oyen al oído pregónenlo en las plazas, en el ambiente de trabajo, en las escuelas, en los encuentros de cada día: pregonen que Dios nos ama y se preocupa de nosotros…que no hay nada que afecte al hombre que no afecte, al mismo tiempo, a Dios. Que todo lo que es auténticamente humano es también auténticamente divino.

Teman al que tiene poder para matar y aniquilar el alma. Porque el alma es débil, vulnerable, frágil… es una llama que puede apagarse…y se apaga cuando nos sacude el viento de la indiferencia, la superficialidad, la hipocresía, el desafecto…muere cuando nos dejamos o dejamos que la corrupción se instale en nuestra vida o en la sociedad, cuando desanimamos a los buenos y restamos energía a su iniciativa de futuro, cuando sólo nos preocupamos de demoler, cuando somos como termitas en el grupo, en la comunidad, en la familia, cuando calumniamos o ridiculizamos a los que se arriesgan por cambiar las cosas, cuando fomentamos el miedo y una religión sin los pies en la tierra.

Nada menos que tres veces nos insiste Jesús: no tengan miedo…ustedes son valiosos. ¡Que verbo más bello: valer! Yo valgo, yo soy valioso para Dios. Valgo más que los pájaros, las flores, valgo mucho más de lo que soy capaz de pensar. La vida, mi vida, es valiosa…y si no lo fuera…tengo que convencerme de que nada hay en el mundo que valga más que mi vida, que la vida de una persona.

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