Evangelio del domingo (XXVI T. Ordinario)

En estos dos hijos que se contradicen, que en un principio dicen si y luego no o al revés… ¿quién no se ve representado? Nuestro corazón, con frecuencia está dividido y ni nosotros mismos nos entendemos.

S. Pablo, que como hombre experimentaba estas contradicciones, se lamentaba en su momento así: “No me comprendo. Hago el mal que no quiero y el bien que quisiera hacer no logro hacerlo (Rm 7, 15-19). Y Goethe lo reconoce, cuando afirma: “Ah, tengo dentro de mi dos almas!” o ¿quién no ha oído hablar de los conocidos personajes de Stevenson, el  Dr. Jekyll y Mr. Hyade?.

Hacia ahí apunta el Evangelio que hemos proclamado, vivimos con el corazón “partío”.

A raíz de esta constatación, el evangelio nos invita a recorrer el camino de la unificación, nos llama a adquirir un corazón unificado. “Busquen al Señor con un corazón sencillo” afirma en sus comienzos el libro de la Sabiduría. El primer paso para buscar al Señor es buscarle con un corazón sin doblez, sin segundas intenciones. Este es un don que hemos de pedir siempre: “Señor, ayúdame a encontrar la unidad en mi vida, que no viva dividido, con dos corazones en guerra contra sí mismos…” Si actúas así, “vivirás, no morirás,” afirma la primera lectura del profeta Jeremías.

“El hijo primero se arrepintió y fue a trabajar”…afirma el Evangelio. ¿Se arrepintió de qué? ¿De haber dicho “no” al Padre? El evangelio de San Mateo, donde nosotros traducimos se “arrepintió”, afirma literalmente “se convirtió”: Transformó su forma de ver las cosas. El hijo que había dicho “no voy”, comenzó al poco tiempo a ver la viña, al Padre, a la orden que había recibido de ir a trabajar, de otro modo. Aquella viña no es ya la viña de su padre, sino nuestra viña, su viña; el padre no es ya el patrón al que hay que someterse o tratar de esquivarlo, sino el Agricultor que lo llama a colaborar en una cosecha abundante, en un vino de solera que llenará de alegría a toda la casa. Y su corazón se siente unificado, se siente motivado: nadie podrá jamás trabajar bien si no está a gusto, como nadie podrá jamás amar bien si no se siente realizado.

Y, en el centro del texto de San Mateo, la pregunta de Jesús:¿Quién ha cumplido la voluntad del Padre? ¿Pero, en qué consiste esa voluntad? ¿Tener hijos respetuosos y obedientes? No. El sueño del padre no es tener una casa habitada por hijos serviles, sino por hijos libres y adultos, por hijos que se sienten cómplices con el padre, aliados en una causa común.

La moral del evangelio no es la moral de la obediencia, del sometimiento, de la pasividad, sino la moral de la fecundidad. La moral de una vida capaz de fecundar, generar sanación, dar racimos repletos de buen mosto: “Esta es la voluntad de mi Padre, que ustedes den buen fruto y que ese fruto permanezca…”

Y concluye el texto como un jarro de agua fría que nos tiran a la cara: las prostitutas y los publicanos irán por delante de ustedes en el Reino de Dios. Es una frase dura que cae sobre todos, también sobre nosotros, que somos fáciles a las palabras y decimos “sí” con los labios, pero nuestro corazón está lejos de los que afirmamos. Nos decimos creyentes, pero actuamos como los que no lo son. La frase cae también sobre nosotros, estériles de buenas obras, cristianos de fachada.

Pero la última palabra de Dios sobre nosotros nunca es la condenación, sino la promesa de una vida feliz. Para todos, para unos y otros, paras las prostitutas y también para nosotros, a pesar de nuestros errores y nuestra tardanza en convertirnos, Dios no espera, nos aguarda.

Y hoy podría ser ese día, para volver. Si Dios, a pesar de todo, cree en nosotros, si El cree en mi y en ti, también nosotros podemos creer en El y dejarnos llevar por el corazón:

Dios no es un Código de obligaciones que hemos de cumplir sin más, tampoco es el Patrón que lo único que busca es servilismo, no: Es el Padre que nos llama a construir juntos, a hacer más bello nuestro mundo, a aprender de nuestros errores y a alegrar la fiesta de la vida produciendo buenos racimos de mosto.

Nunca es tarde para retomar el buen camino. Y hoy puede ser ese día para emprender este viaje.

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