Evangelio del domingo (XIII del Tiempo Ordinario)

(Mt 10, 37-42)

La fe siempre tiene algo de subversivo, ese plus que nos interpela, nos cuestiona y hasta puede parecernos escandaloso. Acabamos de oírlo: ¿Qué Dios puede pretender ser amado más que al padre o a la madre, al hijo o a la hija? ¿Qué Dios puede pedirnos actuar contra todas las leyes del corazón?

Pues acabamos de escucharlo: la fe para que sea auténtica tiene ese “algo” de subversivo, de contracorriente, de aparente falta de lógica…Hasta tres veces oímos estas duras palabras de Cristo: “No es digno de mi”. ¿Pero quién es digno de Cristo? Nadie…porque el amor de Cristo se anticipa a todo y un amor así, no se merece, se acoge.

El evangelio nos asusta y, de ordinario, damos un rodeo y nos hacemos un traje a la medida, un cristianismo “prêt a porter”. Pero, en realidad ¿Qué nos propone Cristo? Jugarnos la vida por su causa.

Y esto no es una invitación al martirio…No es eso: Jugarnos la vida, “perder la vida,” es “gastarla”, consumirla por una causa grande…por algo que merece la pena. El drama de mucha gente es que no tiene suficientes motivos para vivir; carece de motivaciones para gastarse.

El que se pierde así, el que se gasta así, dándose, se encontrará. En realidad, sólo poseemos lo que damos. Como la mujer de la primera lectura que da al profeta trozos de vida, pequeñas porciones de su propio bienestar: un pequeño apartamento en la azotea, una mesa, una lámpara…Y, a cambio, recibe futuro, vida, un hijo.

Con frecuencia, nos asusta esta exigencia de Cristo: dar la vida. Y, por ello, pretendemos pasar de largo ante esta página o simplemente la adaptamos a nuestra horma, la acomodamos a nuestra medida. Pero Jesús insiste en fundamentar nuestra existencia en el “dar”…Y, para animarnos, añade una frase que es todo un reto al alcance de todos: “el que dé, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, no perderá su recompensa”.

Lo importante no es cuánto hacemos, lo importante es entrar en la dinámica del don, del dar: cargar con la cruz o dar un vaso de agua son dos acciones que se insertan en el mismo movimiento: dar – poco o todo – son acciones que se identifican, una y otra, con la forma de actuar de Dios: En el evangelio el verbo “Amar” se traduce siempre con el verbo “dar”. “Tanto amó Dios al mundo que le dió a su Hijo único…”

Dar la vida, gastarla en servir, en dar…Dar un vaso de agua “fresca”, un agua buscada expresamente para calmar la sed del otro en la canícula del verano, es un agua dada con el corazón, y el evangelista Mateo lo subraya con el adjetivo «fresca». Nada es pequeño para Dios si nace del corazón. Amar es esto. Amar no es emocionarse, lamentarse o sentir…es algo concreto, sencillo, vivo: Es dar con afecto, cordialmente.

Toda la pedagogía del “dar” en un vaso de agua… ¿Quién no puede hacer esto? Hasta el más pobre entre nosotros puede permitírselo…No es algo banal. Es entender la vida como donación…Por tanto, es buscar con afecto lo que el otro necesita aquí y ahora, aunque sea poco.

“El que gaste su vida por mi causa, la encontrará…”. Sólo tenemos lo que damos.

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